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El
arte del T’ai Chi tiene dos raíces: el Taoísmo y el Budismo. De la
filosofía Taoísta viene la noción de la interacción constante entre el
Yin y el Yang - las fuerzas complementarias del universo. La práctica de
T’ai Chi nos permite vivir y entender esta dinámica así como encontrar
la armonía en nuestras vidas. En las enseñanzas Budistas tenemos la
noción del Bodhisattva: guerrero/guerrera
espiritual, dedicado/a a la paz
y al bienestar de los demás. Este arquetipo se encuentra en casi todas
las escuelas tradicionales chinas de arte marcial, las cuales toman a
Bodhidharma como su fundador. Desafortunadamente para mucha gente que
practica estas artes el Bodhisattva queda únicamente como algo
simbólico, una noción perteneciente a otra época. Pero para nosotros
este arquetipo sigue vivo y no sólo es importante en el momento de
confusión en el que vivimos, sino que también es esencial dentro del
contexto de nuestro entrenamiento. En este sentido la práctica de T’ai
Chi es un camino para la transformación interior, que nos permite
explorar el proceso desafiante que nos lleva desde la violencia hasta la
paz, desde el egoísmo hasta la generosidad y el cariño.
El
término "Tai Chi Bodhisattva" no representa una escuela. Es
simplemente una descripción que refleja el compromiso que compartimos.
Nuestra organización no tiene una estructura piramidal sino que es una
red de personas que comparten la misma visión central. En nuestra manera
de enseñar, el “kalyana mita” (buen amigo en el camino) sustituye al
maestro tradicional. No es cuestión de reproducir un modelo externo y
fijo. Consiste más bien en acompañar, intercambiar y aprender juntos
utilizando las herramientas que se encuentran en el arte. Lo más
importante para nosotros es permanecer abiertos y flexibles a lo largo de
este viaje de descubrimiento tanto si somos profesores como alumnos, ser
guiados por el espíritu del T’ai Chi y mantener la mente del
principiante.
Metta
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