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Tew
es un maestro que nunca ha pretendido ser “el maestro”. Un día
nos dijo: “yo no soy vuestro padre ni vuestra madre, igual podría
ser como una comadrona.”
La mayoría de nosotros necesitamos una referencia en la figura
del maestro para que nos guíe, para poder seguir el camino
interior, pero él muchas veces desaparece de la vista y tenemos
que seguir caminando por nuestro propio pie. Quizás por su manera
de ser, tarde o temprano, Tew hace despertar el maestro interior
en nosotros. La fuente está en el trabajo, en la propia práctica
de cada uno, sin embargo su enseñanza vibra dentro de nosotros.
En España cerca de 80 personas que están dando las clases de tai
chi se iniciaron con su enseñanza.
En esta entrevista queríamos preguntar como ve, desde su
perspectiva , esta enseñanza y la identidad de una “escuela “
que se ha generado por inercia propia.
Tú hiciste artes marciales como boxeo, karate, taekwondo...
¿cómo llegaste a practicar Tai Chi?
En Taiwan, en la universidad del centro de estudios Chino
mandarín,
encontré una persona llamada Sr. Liu que era maestro de ópera
china y también hacía tai chi. Un día me invitó a conocer su
tai chi. La forma de tai chi que hacía él era más bien una
forma propia. Empecé a practicar esta forma. Después del año 65
volví a Inglaterra para estudiar en la universidad de Cambridge.
Yo estudiaba el chino clásico y allí había un profesor llamado
Dr. Lau que era profesor de chino clásico y primer traductor del
Tao Te king del chino al inglés. Era una persona muy intelectual
y su traducción fue la mejor en nuestro tiempo. Esta persona
también enseñaba tai chi. Tenía un pequeño grupo de práctica
de este arte. Igual éramos seis personas y lo practicamos juntos.
El Dr. Lau era nuestro profesor pero más bien éramos un grupo de
amigos y se despertó algo en mí sobre tai chi y sobre la antigua
cultura china misma. En esta época yo aún hacía karate y
taekwondo pero el arte del tai chi me atrajo cada vez más. Por
otra parte yo me sentía limitado con las artes marciales, estaba
harto de competencias, tener un grado de cinturón y querer ser
buen karateka. Los amigos que tenía entonces hablábamos de
filosofía pero en realidad eran muy competitivos y les gustaba
ganar, en cambio el tai chi me llegaba más en profundidad. En
aquel momento yo tenía 17 años y era un joven con un carácter
muy fuerte, lleno de inquietudes y estaba muy involucrado en los años
60 en Inglaterra. Había movimiento y mucha búsqueda sobre política
y espiritualismo, pero todo estaba tan mezclado como una gran
ensalada.
Entonces el tai chi parecía ser como de otro planeta. A mi me dio
calma y me permitió encontrar algo diferente. Cuando miraba la
situación de mi vida, la situación de la gente, el país y de
toda Europa sentía que el tai chi podría ser válido en algún
sentido. No sabía cómo expresarlo pero lo sentía. A decir
verdad era con la única cosa con la que yo estaba a gusto. Me
ayudó a bajar el ritmo y conectar conmigo mismo. Muchos años
después pude encontrar una manera de trasmitir las cualidades del
tai chi.
¿Cómo evolucionado tu práctica como maestro desde el
inicio hasta ahora?
Durante los primeros años de la década de los 60 yo estuve con
el maestro budista tibetano Trumgpa Rimpoche y estaba muy
implicado con sus enseñanzas. Más tarde él se trasladó a
Estados Unidos (desde Inglaterra) y la gente que estaba con él,
en su mayoría, le siguieron. Pero yo decidí quedarme en Europa y
él también me aconsejó que me quedara a explorar y profundizar
en mi práctica espiritual con Dhiravamsa. En ese momento
Dhiravamsa era el abad del monasterio budista Tailandés en
Inglaterra. Él tenía ciertas ideas pero eran un poco
conflictivas con la tradición de su linaje, por ejemplo,
incorporar el trabajo con el cuerpo en la vida espiritual.
Así pues él decidió renunciar al hábito de monje y yo le
apoyé.
A principios del año 70 él me dijo que tenía la misión de
montar un centro y me invitó a ayudarle, pero en aquel momento no
tenía dinero ni fondos. En el año 1975 alguien le apoyó para
montar el centro y Dhiravamsa me llamó para trabajar con él. Su
centro era muy experimental, utilizaba las técnicas tradicionales
asiáticas mezcladas con las técnicas occidentales, en el centro
también se hacía trabajo de psicoterapia. Mi primer papel fue
enseñar tai chi y meditación. Mi primera mujer enseñaba Yoga.
Trabajamos con la gente que había sufrido tanto a nivel físico
como a nivel psicológico y también trabajábamos con los
budistas tradicionales. El centro llegó a ser famoso porque en
aquella época había muy poca gente que se dedicara a trabajar de
esa manera en Europa.
Mi profesor de tai chi , el Sr. Lao despertó algo importante en
mí.
Su manera de enseñar no era muy tradicional; como lo hacen
algunos maestros que enseñan a sus discípulos y ellos copian
todo exactamente como de un modelo sin poder crear nada. Era algo
como compartir la práctica con los amigos. Es por eso que yo
tampoco podía hacer algo tradicional y enseñar de esa manera.
Nuestro centro era muy experimental y yo, mientras enseñaba tai
chi y meditación, también estaba aprendiendo sobre los sueños
con una doctora de la escuela de Karl Jung. También y al mismo
tiempo estudiaba sobre Bio-Energía. Durante 3 años trabajamos y
probamos diversos métodos, tai chi, terapias, body work y
meditación. Seguramente cometimos algunos errores pero aprendimos
mucho.
En estos años el tai chi era algo muy nuevo en occidente. En los
años 70 en Inglaterra habían 3 o 4 maestros chinos que hacían
tai chi pero parecía que no les interesaba compartirlo con la
gente extranjera y sólo lo enseñaban en su comunidad.
Así yo estaba más libre de hacer lo que creía en la enseñanza
pero quería evitar situarme como un maestro y también quería
evitar aquel sistema de enseñanza piramidal. Yo quería una
manera de enseñar y trasmitir más abierta donde los alumnos o
participantes tomaran su responsabilidad de practicar para
conectar consigo mismo a través de la práctica. Creo que el arte
del tai chi no se puede importar tal como se hace en Asia, tenemos
que adaptarlo e integrarlo en la vida actual con la cultura donde
se practica. Creía que esta manera era mucho más sana y también
esta era la característica de nuestra comunidad.
De hecho yo nunca había pensado ejercer este rol ni de esta
manera, fue por casualidad. Pero tenía una misión y sentía que
el tai chi iba a ser importante para ayudar a ralentizar el ritmo
de la mente, conectar con nuestro propio centro y tener un camino
de corazón para desarrollarnos.
Cada vez somos más personas las que estamos enseñando
Tai Chi en España y cuyo origen ha sido tu enseñanza. ¿Qué
puedes decirnos a las personas que seguimos este camino o las que
quieren ser profesores?
Después de los años 80 yo salí de la comunidad, del centro en
Inglaterra. Pero el interés sobre el tai chi estaba creciendo
cada vez más y la gente seguía pidiendo recibir esa enseñanza.
Después del año 1985 trabajamos en un centro de una comunidad en
España. Ahí se inició el primer grupo que, cuando se acabó la
comunidad en la que estaban, decidieron dar clases de tai chi.
Todo fue sin establecer una escuela “de reglas fijas”. Yo quería
que cada uno de los alumnos que formaba se sintiera libre para
integrar lo que hacía; por ejemplo, algunos hacían gimnasia
holística,
otros danza o terapia, etc. Algunos querían profundizar más en
el empuje de manos o el qi gong, incluso decidieron formarse con
otros maestros.
Creía que este arte siempre puede enriquecerse y desarrollarse en
este sentido. Yo estaba en contra de una manera demasiado
tradicional que pudiera estancarnos y sigo creyendo en ello.
La filosofía del tai chi es un arte vivo y está evolucionando.
De todos modos quería que la gente que yo formaba supiera bien lo
básico del tai chi, los ejercicios básicos de qi gong, la forma
corta y larga, los ejercicios marciales, el aspecto meditativo,
las teorías básicas de la medicina china y su filosofía. Y por
otro lado quería acentuar el desarrollo espiritual, esto se
refleja al intentar responder sobre nuestra realidad, “¿dónde
estoy? “. Para mí, el nivel más profundo de la práctica es la
actitud de rezar, porque la meta del tai chi es amor, paz y
armonía.
Sí queremos ir más en profundidad tenemos que trabajar en este
terreno.
Los que están enseñando en el nombre de esta escuela o en mí
nombre espero que estén de acuerdo . Otra cosa es sí lo haces o
no, eso pertenece a la responsabilidad de cada uno. A la hora de
transmitir cada uno ha de decidir la manera. Esta cualidad
espiritual es lo que yo quería transmitir en el modo de ser
profesor o profesora de tai chi.
Tanto alumnos como profesores a veces nos vemos envueltos en la
ansiedad y las prisas de aprender y enseñar. ¿Qué puedes decir
sobre esto?
La paciencia es una arte para ralentizar y volver al centro. Yo
estoy empezando a enseñar a los principiantes. Algo que desde
hace mucho tiempo no hacia, pero ahora lo hago con placer. Y
aconsejo a la gente que olvide muchas cosas que sabe y les pido
que se relajen. Se trata de no tener ambición de resaltar y
dominar. No ir en busca de cosas nuevas tal como vamos al mercado
consumiendo siempre con ganas de absorber y ganar otra identidad.
Se tarta de encontrar tu propio camino. Hay que tomarse tiempo,
disfrutar y vivir con lo que estás haciendo. Es como una
celebración que te da lo sagrado de la vida y fluye en tu cuerpo,
no es un deber, no es algo que se tiene que “ dominar”.
Relajarse y quedarse con pocas cosas en vez de ampliar tu
conocimiento. Se trata de profundizar en aquello que tienes que
trabajar.
Los problemas de la vida no tienen solución simplemente por hacer
tai chi, pero espero que la sensibilidad que se desarrolla y
despierta a través de la práctica , nos ayude a vivir con más
coraje y más claridad. No se pueden evitar los problemas de la
vida pero sí nos podemos permiter vivirlos diferente. El tai chi
es una herramienta para vivir mejor con más cariño y amor.
¿Qué significado tiene que en los últimos años te hayas
dedicado a trabajar en *Human Development Foundation en Tailandia
y qué quieras compartir con nosotros esa experiencia? Y ¿Qué
significa el servicio a los otros y la entrega?
Por circunstancias personales tuve que volver a mi país para
cuidar a mi madre y ayudar a un viejo amigo de la familia. Decidí
hacer algo muy sencillo, empezando desde cero , aplicando lo que
había aprendido y enseñado durante todos estos años. En la
Fundación he aprendido mucho; como utilizar la sensibilidad del
tai chi ayudando a la gente. Aunque no quiero decir que la gente
que hace tai chi haya de buscar este tipo de trabajo, es algo muy
personal. Ha sido una época de mi vida muy importante el dar y
ofrecer con una simple entrega. Verdaderamente eso me llena y es
un trabajo que me desafía mucho, es muy interesante. Si tu
quieres hacerlo no es necesario trabajar en un hospicio puedes
hacerlo con tu vecino o con la gente más próxima.
La última pregunta, ¿cómo definirías las características
de la enseñanza de esta escuela o esta tradición?
No pretendemos aumentar el poder del maestro ni de la jerarquía
tradicional. El profesor está aprendiendo constantemente.
Aprender a saber respetar a los alumnos como si fueran nuestros
maestros porque aprendemos mucho de ellos. Tenemos que cuidar cada
experiencia y cada compromiso personal. No nos olvidamos de la
noción de amor, paz y armonía; intentamos recuperar el fondo
filosófico de la práctica que viene del taoísmo y del budismo e
intentamos vivirlo en nuestra manera de trasmitir.
Hay gente que piensa que el tai chi es la forma de los movimientos
que hacemos, pero no sólo es esto. Tenemos que saber el sentido
que hay detrás de ello y buscar la manera de ofrecer algo
completo. Igual esto puede cambiar el modo de ver la vida.
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