TRABAJO FINAL DE LA DIPLOMATURA DE POSGRADO SOBRE
CULTURA DE PAZ
TAI CHI CHUAN, CLOWN Y TRANSFORMACIÓN DE CONFLICTOS EN EL CAMINO HACIA LA
PAZ
CAMILO RODRÍGUEZ ROMERO
ESCOLA DE CULTURA DE
PAU
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE BARCELONA
BARCELONA, CATALUNYA
JUNIO DE 2005
TAI CHI
CHUAN, CLOWN Y TRANSFORMACIÓN DE CONFLICTOS EN EL CAMINO HACIA LA PAZ
INTRODUCCIÓN
La experiencia
personal vivida en las clases de la Diplomatura de Cultura de Paz, los
cursos de clown y de Tai Chi Chuan durante el mes de octubre del 2004 y
mayo del 2005 en Barcelona me han conducido a realizar un trabajo en el
que se recogen y organizan los aportes, las similitudes, las diferencias y
los aspectos complementarios de estas tres filosofías y prácticas de
vida. Tai Chi Chuan, Clown y
Transformación de Conflictos en el Camino hacia la Paz es un intento
por relacionar los conocimientos prácticos e intuitivos adquiridos en los
cursos de Tai Chi Chuan y de Clown (payaso) con la teoría académica
desarrollada en la Escola de Cultura
de Pau para el enriquecimiento general de este nuevo enfoque de
abordar, tratar y transformar los conflictos. Es el producto de una
primera aproximación personal por recorrer nuevos caminos relacionados
con el autoconocimiento y la búsqueda de paz de la mano de
unas excelentes personas y maestros, quienes me enseñaron los
primeros pasos en el largo proceso de aprendizaje de estas tres diferentes
y complementarias formas de vivir y entender la vida; a ellos está
dirigido y dedicado éste trabajo: Vicenc Fisas, John Paul Lederach,
Montse Barquin, Sergi Estebanell y Loco Brusca.
El
texto se compone de 12 breves capítulos en donde se desarrollan doce
temas particulares y puntuales (sintetizados en su correspondiente título)
que relacionan la Cultura de Paz, el Tai Chi Chuan y el Clown; a lo largo
de todo el texto y paulatinamente con cada capítulo se irán describiendo
las características y particularidades de la Cultura de Paz, el Clown y
el Tai Chi Chuan. Estos doce capítulos se encuentran
divididos y organizados en cuatro apartes diferentes: Presupuestos,
Principios, Técnica y Objetivos. En primer lugar se tiene el aparte de
los Presupuestos que consta de
tres capítulos sobre los fundamentos básicos compartido por las tres
visiones y prácticas de vida tratadas estableciendo un punto de partida
común para el posterior desarrollo del trabajo: i) la complejidad, ii) el
cambio permanente y iii) la unidad. En el segundo aparte, denominado Principios, se expondrán cuatro fundamentos teóricos que la
Cultura de Paz, el Tai Chi Chuan y el Clown comparten, y se señalarán
sus respectivas similitudes, cercanías o distancias; estos cuatro
principios son i) la perseverancia o la visión a largo plazo, ii) la
humildad, iii) la sinceridad o la naturalidad y iv) el respeto. En tercer
lugar viene el aparte de Técnicas
en el que se hacen algunas analogías y comparaciones entre algunas de las
técnicas necesarias para la práctica de las tres actividades: i) la
escucha y silencio, ii) la relajación y fluidez, iii) el poder o la
fuerza y iv) la mirada. En cuarto y último lugar, con el aparte titulado Objetivos
se expondrá las similitudes y la relación encontrada en las tres metas
generales que se pretenden alcanzar con cada una de las tres filosofías
escogidas: la no acción (Wu wei)
para el Tai Chi, el no pensar
para el Clown y la noviolencia
para la Cultura de Paz. Cabe resaltar que los doce capítulos del
texto están complejamente relacionados entre sí y no existe deseo alguno
de llegar a priorizar uno sobre otro pues cada cual se vale por la
existencia de las demás y viceversa; no obstante y para mayor libertad
del lector, cada uno de los capítulos puede ser leído independientemente
sin que llegue a perder su sentido.
Aunque el trabajo
surge y se fundamenta en mi propia experiencia de vida, su desarrollo se
apoya en algunos referentes teóricos de utilidad que pretenden evitar
cualquier posible exceso de subjetividad o vaguedad. Así pues, el
fundamento teórico sobre transformación y resolución de conflictos se
basa en los postulados desarrollados por John Paul Lederach en su libro Construyendo
la Paz: Reconciliación sostenible en sociedades divididas. Alrededor
de estos postulados se irán presentando los aportes, las diferencias o
las complementariedades que el Tai Chi y el Clown pueden hacer a la
Cultura de Paz, apoyados en los libros El Clown: Un Navegante de las
Emociones de Jesús Jara, El Arte del Tai Chi Chuan: Meditación en
Movimiento de Tew Bunnag y Tai Chi Chuan: el Arte de la Armonia
de Cheng Man-ch’ing. Cada capítulo inicia con una cita textual de los
autores mencionados que hace alusión al tema correspondiente en cada capítulo
y su relación con la Cultura de Paz, el Tai Chi Chuan o el Clown, de
manera que las citas se conviertan en una breve y agradable presentación
de los fundamentos teóricos y los elementos esenciales que describen las
tres prácticas. Con base en estas citas ilustrativas y descriptivas de lo
que se entiende por Cultura de Paz, Clown y Tai Chi Chuan se realiza y
sustenta el posterior análisis personal de cada uno de los temas
escogidos en cada capítulo.
Se ha intentado que
todas y cada una de las partes del presente trabajo contengan y reflejen
implícitamente los principios, los presupuestos y los objetivos teóricos
que se han desarrollado en los doce capítulos. Así pues, en ningún
momento se ha tenido el ánimo de llegar a concebir el contenido del
documento como la manifestación de verdades absolutas (o algo semejante)
sino que quiere ser una primera aproximación personal al tema, siempre
abierta a la crítica y al diálogo constructivo con otras visiones que
permitirán realizar futuras correcciones y mejoras. Tampoco pretende ser
un texto eminentemente científico o académico sino, más bien, un
testimonio personal de vida que intenta comunicarse en un texto agradable
e interesante que pueda ser leído, entendido y disfrutado por la mayor
cantidad de personas. Por último cabe remarcar que el valor del texto,
como el de todas las cosas de la vida, reside en la coherencia y conexión
imprescindible entre el todo y las partes, entre la teoría y la práctica;
por lo tanto, debo terminar diciendo que este trabajo teórico intenta ser
un vivo reflejo de lo aprendido en estos ocho meses dentro y fuera de la
Escuela de Cultura de Paz y que espero corresponder fielmente con mi
actuar, sentir y vivir.
I.
PRESUPUESTOS
1.
COMPLEJIDAD
Las
sociedades profundamente divididas y las situaciones de
conflicto
armado
interno requieren de un marco de referencia operativo que
tenga
en cuenta la legitimidad, la singularidad y la interdependencia
de
los recursos y construcción de la paz. Lo mismo ocurre cuando se
abordan
problemas específicos y cuestiones sistémicas más profundas
de
un conflicto. Más concretamente, la integración y el enfoque global
apuntan
a la necesidad funcional de reconocimiento, participación y
coordinación entre todos los niveles y actividades. (Lederach)
Pillos,
bondadosos, osados o prudentes, tiernos, apasionados. Son
pragmáticos
como Sancho y soñadores como Don Quijote. Reúnen
en
sí mismos toda la
complejidad de la personalidad del clown, del
Augusto,
que como vimos anteriormente es el payaso total, la
auténtica
síntesis de todo lo que habita en el interior del ser
humano:
grandeza ysimplicidad, aventura y raíces,
sentimiento
y razón.
(Jara,
pg.29)
En el circo encontramos la pareja más famosa de
payasos: el listo
y el tonto, el “cara blanca” y el bufón, el Clown
y el Augusto. El
primero
representa la elegancia, la razón, la seriedad, el orden y
las
buenas costumbres. El segundo la locura, el corazón, la inocencia, el
caos y la transgresión. Juntos conforman la esencia del ser humano, la
eterna contradicción entre
lo que debemos y lo que queremos hacer, entre lo que nos impone la
sociedad y sus normas y lo que nos piden nuestro corazón y nuestras vísceras.
Son las dos caras de la misma moneda. Se necesitan el uno al otro, se
complementan... Pero a veces intercambian sus papeles, se dejan
contaminar. Y así, ganan en complejidad, se enriquecen pero siempre desde
el rostro de cada uno (Jara, pg.33)
Solamente cuando nos desprendemos de
condicionamientos en nuestra percepción del mundo, y dejamos de proyectar
en nuestro ambiente creencias y virtudes dualistas, seremos capaces de
percibir el Tao y vislumbrar su funcionamiento. Muchos escritos taoistas
intentan provocar este cambio de punto de vista sobre la vida y la
naturaleza, más allá del pensamiento lógico y lineal, y portador de una
visión más abierta. (Bunnag, pg.17)
El Tai Chi Chuan, la Cultura de Paz y el Clown
parten de un punto en el cual no existe algún camino predefinido ni un
punto de llegada predeterminado para alcanzar cualquier objetivo. Al
tratar y estar directamente relacionados con el ser humano, con el
descubrimiento de sí mismo y de los demás, ninguno de los tres se toma
el atrevimiento o precipitación de afirmar la existencia de un único
camino para llegar al punto deseado. Por el contrario, parten de la
premisa que afirma que hay infinidad de puntos de vista, miradas y
perspectivas para tratar los conflictos (individuales o sociales) y llegar
a resolverlos constructivamente según el tiempo, el espacio y la
especificidad del contexto, las personas o grupos particulares implicados.
Cada persona, cada comunidad y cada sociedad tiene su propio camino (por
descubrir y recorrer) y, por lo tanto, no existe un modelo específico a
seguir; mucho menos uno que se pueda imponer, universalizar o exportar
para todos y cada uno de los hombres y mujeres de las diferentes
sociedades o países que componen la Tierra. El reto está en tratar de
identificar cuál es ese camino autóctono, propio y verdadero que nos
ayude a superar las dificultades y los siempre presentes problemas de la
vida dentro de la divergencia y la unidad para llegar a ser felices con lo
que somos y tenemos.
El Tai Chi tiene como inspiración
y fundamento filosófico los principios de
la filosofía Taoísta que se basa en el concepto del Tao o principio inmanente de todas las cosas existentes. El Tao en
su esencia es infinito, inmanente, omnipresente, indescifrable,
indefinible e intraducible, pero se puede hacer una pequeña aproximación
simplificada a su significado para una mejor comprensión del Tai Chi: el
Tao es el “Camino”. El Taoísmo considera que la distinción maniquea
entre lo bueno y lo malo conlleva a falsas apreciaciones e
interpretaciones de las cosas porqué lo que es bueno para una persona o
sociedad puede no serlo para otra debido a sus características específicas
que lo hacen único dentro de un espacio y tiempo determinado. Por lo
tanto y según el Taoísmo, no existe fórmula mágica para definir,
conocer o recorrer el “Camino” particular de cada individuo, comunidad
o sociedad y afirma que se debe adentrar en la búsqueda particular e
inacabable del propio Camino sin
juzgar, criticar o imponer.
Si los problemas son complejos,
sus posibles soluciones también deberán serlo. Dada la innegable
particularidad de los diferentes tiempos, espacios, personas y sociedades,
de sus relaciones y de sus problemáticas que hacen parte de un conflicto
social (armado o no), no es posible llegar a superarlo con recetas o
modelos predeterminados, externos o ajenos a dicha particularidad. Las
posibles soluciones a los diferentes conflictos sociales requieren de una
mirada que entienda tanto a la sociedad como a sus problemas emergentes
como productos de la complejidad que caracteriza la vida universal natural
y social. Éste es un presupuesto básico que todos aquellos que
pretendemos transformar los conflictos sociales existentes debemos tener
en cuenta para evitar las continuas frustraciones o retiradas de la labor
de intermediación que se dan en la actualidad, producto de la implantación
acrítica e irresponsable de técnicas o teorías de resolución de
conflictos descontextualizadas de la realidad social. La invitación de la
Cultura de Paz a los reconocidos
técnicos, intelectuales, universidades o centros académicos
“expertos” en el tema es a reconocer la importancia y a tener en
cuenta la multiplicidad de acciones alternativas, internas y “más
modestas” que surgen del interior de la sociedades divididas que abra un
diálogo constructivo entre los diferentes saberes con el fin de construir
consensos sociales en la búsqueda colectiva hacia la paz duradera.
En el desconocido y profundo
mundo del Clown tampoco existe un único modelo a seguir, imponer o
copiar. Cada persona tiene en su interior su propio clown que es imposible
encontrar en el exterior, en procesos de actuación o en la imitación de
otros clowns, por muy buenos que puedan ser. Dada la diferencia y
particularidad de sentimientos, facetas, emociones, gustos, virtudes y
defectos de cada persona que nos hace únicos frente a los demás y en
cada momento, la búsqueda del clown interior resulta ser tan infinita
como particular. Es inútil considerar que existe un modelo ideal de clown
a seguir porqué la búsqueda del clown propio es indefinido y cuenta con
infinitas posibilidades de desarrollarse. No hay respuestas, manuales o
soluciones “mágicas” para encontrar el clown de cada uno puesto que
es un trabajo a largo plazo que tiene tantas formas de expresión y
desarrollo como lo queramos y nuestra apertura a la novedad, la sorpresa y
el descubrimiento lo permita.
2.
CAMBIO Y DINAMISMO PERMANENTE
El
conflicto no es nunca un fenómeno estático. Es expresivo, dinámico y
dialéctico por naturaleza; está basado en las relaciones. (Lederach,
pg. 91)
El clown condensa en
sí mismo a Don Quijote y a Sancho Panza. Es idealista y pragmático. Soñador
y realista. El clown es persona de grandes proyecto y objetivos, pero en
el camino suele encontrar pequeñas cosas que atraen su atención y se
convierten en prioritarias. El clown puede ser frágil o duro, fuerte o débil.
Todo depende de su estado anímico, sus motivaciones y su soledad o compañía.
(Jara, pg.75)
En la literatura taoísta
constantemente aparecen dos temas básicos: la idea de cambio y la de
armonía. Cambio en el sentido de que en el universo hay flujo y
movimiento, ciclos de energía que son tan patentes en nosotros como en
los acontecimientos naturales. Lo que queremos atrapar y sujetar,
incluidas nuestras propias vidas, se nos escapa constantemente y nos
quedamos aferrando el aire. Por otro lado, dentro del proceso de cambio
existen momentos en los que el fluir de la energía está equilibrado y
vibrante, de tal forma que surge una paz serena, como en el ojo del huracán.
Estas dos cualidades del Tao, cambio y armonía, están contenidas en el término
T’ai Chi. (Bunnag, pg.18)
Complejidad y cambio son dos
conceptos interrelacionados que están en el centro del Tai Chi Chuan, la
Cultura de Paz y el Clown. Si se entiende la vida natural, social y
universal como algo complejo que no tiene una única respuesta, solución,
camino o teoría que explique sus fenómenos, esto no quiere decir que
todas sus manifestaciones estén dominadas por el azar o el caos. La teoría
radical del caos afirma que no existe ni principio, ni fin, ni leyes, ni
reglas, ni parámetros para definir o comprender la vida individual,
social o natural, mientras que los racionalistas extremos, hijos de la
ilustración y tan amigos de la Verdad, creen conocerla o poder llegar a
ella a través del intelecto. La filosofía china taoísta, que dio vida y
enmarca al Tai Chi, considera que no existe un único punto de partida
determinado pero tampoco uno de llegada. Concibe que el universo y el
mundo con sus fenómenos sociales y naturales están en un cambio y
dinamismo constante que evitan una situación estática, pura o final de
las cosas, los seres o sus relaciones. La práctica del Tai Chi Chuan
induce a encontrar la armonía (o equilibrio entre el Yin y el Yang)–nunca
acabada o perfecta –dentro del cambio, los problemas, las dificultades y
las tensiones intrínsecas y siempre presentes de la vida. Es decir, no
existe un estado de paz perfecta sino una serie de situaciones cambiantes
y fluctuantes alrededor de las cuales se debe buscar un equilibrio que
surge desde el interior.
La Cultura de Paz y su aporte a
las teorías de la resolución de conflictos afirma que no existe un estado
de paz absoluta, entendido como aquel en el que una sociedad o individuo
creen llegar a gozar de la felicidad total luego de eliminar o substraer
sus conflictos y problemas. En los trabajos relacionados con la resolución
de conflictos es imperiosa la necesidad de partir del presupuesto que
entiende la paz como un proceso inacabado e imperfecto que se realiza a sí
mismo en la búsqueda de respuestas coherentes y acordes con los
principios establecidos para transformar el conflicto. La Cultura de Paz
nos enseña a comprender que los conflictos son inherentes a la vida y
que, contrariamente a lo que se piensa habitualmente, son el motor y el
causante de nuestro progreso y desarrollo. Por lo tanto, afirman que no se
debe pretender eliminar los conflictos, dinamizadores y catalizadores de
la sociedad, para encontrar un estado quieto y “en paz” donde no haya
problemas ni conflictos. Lo que enseña la Cultura de Paz es a reconocer
la naturaleza y los beneficios de los conflictos que son inherentes a la
vida natural y social de los seres humanos e intentan mostrar un camino
alternativo para abordadlos, tratarlos y transformarlos sin violencia y
con un amplio sentido de solidaridad y justicia.
Así como no hay un estado de
perfección en la sociedad tampoco existe un momento final –o no final
– en la búsqueda del clown en el que se pueda afirmar que ya todo esta
aprendido o culminado. Dada la complejidad del ser humano, el clown y el
proceso de búsqueda del Clown interior de cada persona es inagotable e
infinito pues hay tantas posibilidades de expresar y manifestar los
sentimientos, sensaciones, reacciones y pensamientos como se desee y
permita. Tampoco se trata de un caos personal o artístico en donde no
haya un mínimo de definición, lo que desdibujaría la esencia y la
particularidad de cada clown. Existe una limitación configurada por la
esencia particular de cada persona, por sus emociones, sentimientos,
sensaciones y pensamientos más profundos y que hacen de él un ser único.
Esas particularidades o elementos fundamentales del clown son la base
sobre la cual se van a construir y reconstruir infinidad de situaciones y
acciones con los otros clowns y el público que, en últimas, van a
definir al clown del momento. Estas situaciones y acciones no están
predeterminadas –como sí lo están las de los actores por un libreto,
personaje o guión–sino que surgen de la espontaneidad de cada momento y
de la relación particular que se presenta con el público y con los otros
clowns. El cambio y el dinamismo del momento y de las personas con las que
interactúa es el contexto natural del clown, lo que lo invita a crear, a
reaccionar sin pensar, a improvisar y, en últimas, a ser.
Sergi
& Judit
Compañía
La Banda
3.
UNIDAD / PROCESO HOLÍSITICO
Los
dilemas y las paradojas ofrecen la posibilidad de que en la mayoría de
las situaciones de conflicto no estemos tratando incompatibilidades
absolutas, sino diferentes aspectos de una situación global. Estos
aspectos representan de hecho preocupaciones que funcionan como energías
en el sistema del conflicto. Si podemos identificar las preocupaciones
clave de la situación y englobarlas como metas y energías
interdependientes sistémicas, podemos ver mejor la situación como un
todo en lugar de quedarnos bloqueados en la fragmentación representada en
el marco de referencia sí / no. (Lederach,
pg.151)
Por eso el clown debe
transmitirnos una imagen global positiva como persona, que nos haga
mantener la fe en nosotros mismos, en el ser humano tal como es, con sus
virtudes y defectos. (Jara, pg.45)
El carácter holístico
de la práctica. Con ello quiero decir que en la tradición del T’ai
C’hi la salud física nunca está separada del bienestar emocional y
mental. La purificación y el fortalecimiento del cuerpo no son fines en sí
mismos, sino la base a partir de la cual integrar los otros niveles de
nuestras vidas: un cuerpo en condiciones, un corazón libre de ansiedad,
abierto y generoso, una mente clara y despierta: es una imagen de esa
salud global que aunque nos pueda parecer utópica, nos pertenece por
nacimiento.
(Bunnag,
pg.11)
El todo está en las partes y las partes están en
el todo. No se puede entender la Cultura de Paz, el Tai Chi o el Clown si
no se tiene en cuenta el anterior principio de complejidad. La armonía y
el equilibrio entre Yin y Yang que intenta establecerse a través de la práctica
del Tai Chi y de las enseñanzas Taoístas también hacen remitir a la
relación existente entre las partes y el todo. Debe existir una relación
interdependiente, conexa, concordante y siempre compleja en la que no se
puede analizar o realizar una parte sin comprender el todo ni viceversa.
Todo, absolutamente todo esta conectado y tiene relación con el resto
pues se enmarca dentro de la unidad. En el Tai Chi el movimiento
independiente de cada parte del cuerpo debe mantener y estar conciente de
la relación que tiene con los demás y con el cuerpo mismo como totalidad.
Así mismo, en la práctica del Tai Chi es necesario entender la interacción
existente entre cuerpo, espíritu y energía, pues son partes de una
unidad que, a su vez, forma parte de un todo universal. En esta práctica
existen dos tipos de relaciones que se establecen entre las partes y el
todo universal, sistematizados a través de los cinco elementos (fuego,
agua, madera, metal y madera) y su correspondencia con cada uno de los órganos,
las vísceras, los orificios corporales, los olores, los sabores, los
colores, las emociones, las estaciones, los puntos cardinales y las
manifestaciones que se producen con su equilibrio o desequilibrio. Estas
dos relaciones (denominadas shen
y kou) conforman una red en la que espíritu, cuerpo y energía se
relacionan de manera particular en cada individuo y se exteriorizan a través
de diversas manifestaciones (como emociones, movimientos, estados de salud
física y psíquica) en donde el equilibrio o desequilibrio Yin / Yang se
hace evidente. Dichas manifestaciones pueden llegar a conocerse y ser
interpretadas a través del desarrollo de la escucha y el silencio
que la práctica del Tai Chi brinda.
Partimos sobre el punto que no
se puede concebir nada aislado o inconexo, tanto en la vida natural como
en la vida social, emocional o psicológica. Todo conflicto debe tratar de
comprenderse teniendo en cuenta su contexto general y debe evitarse
realizar cualquier estudio, análisis o teoría del mismo que sólo tenga
en cuenta una sola perspectiva o visión de los sucesos. De igual manera
no es conveniente desarrollar en sociedades o grupos divididos actividades
independientes o aisladas de los demás esfuerzos emprendidos en busca de
una paz que pretenda ser duradera. Si se olvidan, ignoran los diferentes
procesos realizados en este sentido (exitosos o no), o se desconocen
cualquiera de las partes involucrada no será posible llegar a una
reconciliación de largo plazo y efectiva porque no habrán tratado
integralmente el conflicto y muy seguramente los conflictos no resueltos o
ignorados resurgirán en el futuro (bajo los mismos u otros matices). Por
lo tanto, la Cultura de Paz afirma que no se debe darle mayor prioridad a
un proceso de concertación y de debate sobre otro, pues todos los
procesos de paz están directa o indirectamente relacionados y son parte
de una misma unidad; el hecho que alguno sea más notorio, más conocido o
más difundido que otro no puede darles prioridades exclusivas sobre los
otros, como suele suceder con los procesos de paz entre los estados y los
actores armados. La transformación noviolenta de los conflictos invita a
salir de la mirada egocéntrica que usualmente se tiene de nuestros
procesos (a nivel personal, barrial, comunitario, local, regional,
nacional, internacional y mundial) y del ámbito de influencia que uno
maneja (político, social, económico, cultural...) para tener una
perspectiva más abierta y holísitca que permita un mejor conocimiento de
nosotros mismos, de nuestras luchas y la lucha de los demás para llegar a
acuerdos solidarios y responsables que beneficien a la colectividad.
La interdependencia en el clown
se da con la relación existente entre cada persona y su clown interior
que busca ser descubierto y rescatado del fondo de convenciones sociales y
culturales perjudiciales que nos imponen ser otro. Ambos se construyen y
realizan aportes mutuos porque no puede existir el uno sin el otro de
forma que la personalidad de ambos lleguen a confluir armónicamente en
todos los espacios. Existe una unidad inseparable e indivisible entre la
persona y su clown, sólo que en algunas situaciones (de mayor libertad y
autenticidad) se refuerza el espíritu clown y en otras se manifiesta con
mayor claridad el no menos importante espíritu racional y social. Pero
ambos estados no tienen porque ser antagónicos o incompatibles; todo lo
contrario, se trata de encontrar lo positivo de las dos caras y de
construir un sujeto libre y consecuente que integre constructivamente lo
poético y lo prosaíco, lo racional y lo irracional, lo fuerte y lo débil,
lo inteligente y lo torpe de su ser.
II.
PRINCIPIOS
4.
PERSEVERANCIA / VISIÓN DE LARGO PLAZO
Como destaca Regehr (1993a: 1), la regla empírica
parece ser la de que “los problemas en el extranjero deben ser ignorados
mientras no aparezcan en titulares, pero una vez que han atraído la
atención de la CNN deberían haber sido tratados ayer”. El efecto neto
es la pérdida de visión de largo plazo de la situación, una mirada
miope sobre la negociación de la crisis y una comprensión excesivamente
limitada de la multiplicidad e interdependencia de las actividades y
funciones de la construcción de la paz.
(Lederach, pg.101)
Muy importante para este marco es el concepto de
que cualquier intervención inmediata dada está relacionada con el avance
hacia el objetivo a largo plazo, cuya mejor expresión sea tal vez el
concepto de desarrollo sostenible. (Lederach,
pg.83)
El clown vive en el
presenta más inmediato. No planifica más allá de los próximos minutos,
no piensa en el futuro. La intensidad con que vive el presente es su
trampolín permanente hacia el futuro. Sus decisiones, por tanto, son
fruto de lo que hace. Hace según siente. Y siente según vive... Y cuando
alguna vez el clown piensa en el futuro, ello le conduce automáticamente
a su mundo imaginario, que a su vez, sólo se puede dar desde el presente
inmediato. Es decir, vive imaginando y creando aquello que ha pensado le
ocurrirá en el futuro. (Jara, pg.56)
No debemos intentar
trasladar nuestra ideología al clown. Sus pautas morales y de conducta
tienen otro código que tenemos que descubrir. Entendido de esta manera,
se puede afirmar que el encuentro con nuestro clown es una fuente
inagotable de conocimiento de uno mismo. (Jara,
pg. 83)
Armonía con el Tao, la
clave del bienestar físico y la paz: el momento en que el Yin y el Yang
están en equilibrio, un estado precario que debe ser cultivado y
conservado con la dedicación y el cuidado de todo una vida. (Bunnag,
pg.28)
Digo que en el cultivo
de la vida lo principal es nutrir el chi. Las personas de mente
inconstante no merecen escuchar estas enseñanzas. (Cheng,
pg.45)
Habiendo descrito los tres presupuestos comunes de
la Cultura de Paz, el Tai Chi y el Clown, se mencionarán los principios y
fundamentos compartidos de cada uno de los tres. Se ha decidido iniciar
con la perseverancia como primer principio común porque se considera como
un elemento conector entre los presupuestos anteriormente descritos y los
otros principios. Si partimos de la aceptación de la complejidad de los
conflictos, la búsqueda de salidas también debe entenderse como algo
complejo e, inevitablemente, con una visión de largo plazo. La
perseverancia hace alusión a esa virtud que permite trabajar
constantemente en la búsqueda de un objetivo definido sobre la base de un
plan de largo plazo, no inmediatista,
como todo proceso de autoconocimiento verdadero o de paz duradero requiere –como lo intenta hacer la resolución de
conflictos, el Tai Chi o el Clown.
El Clown y el Tai Chi son
actividades prácticas de conocimiento y reconocimiento personal mientras
que la resolución de conflictos es sobre todo una teoría social. Toda
actividad de conocimiento o reconocimiento individual o social son
actividades abiertas e infinitas por la complejidad de los individuos como
de las sociedades. Por lo tanto, el camino de conocimiento y
reconocimiento –anterior e indispensable para la transformación de los
conflictos – debe ser entendido como un proceso infinito y de largo
plazo que supere las miradas ingenuas y precipitadas que pretenden llegar
a resultados en el corto plazo. La perseverancia permite que el proceso
iniciado no quede truncado ni trancado por las continuas y siempre
presentes dificultades y traspiés que surgen en la vida y es la que
posibilita un mejor y más aproximado conocimiento de uno mismo o de la
sociedad. La visión de largo plazo es un principio fundamental para
contrarrestar y evitar las frustraciones derivadas del inmediatismo
y las ganas de obtener éxitos visibles a corto plazo –tan comunes en
nuestro tiempo-; esos “logros” son simples triunfos momentáneos, efímeros
y falsos que obedecen al deseo de fama y protagonismo personal, carecen de
bases sólidas y, con el paso del tiempo, se caen por su propio peso.
El practicante de Tai Chi y el
Clown no pueden pretender obtener resultados en un par de meses o años
porque se trata de un extenso proceso de “desaprendizaje social” –mucho
más que de aprendizaje individual– en el que se intenta recuperar la
naturaleza de cada persona para contrarrestar los elementos artificiales y
perjudiciales que la sociedad de lo falso nos ha venido imponiendo
consciente e inconscientemente. El Clown de cada uno se va encontrando
después de años de búsqueda de la esencia natural de cada persona. Esta
búsqueda se realiza a través de actividades lúdicas y recreativas de
improvisación que descubren y realzan la particularidad, la verdadera
esencia y la autenticidad propia de cada uno, escondida detrás de algunas
fachadas y normas sociales. Al igual que los estereotipos y las conductas
sociales negativas (que generalmente crecen a medida que el destructivo
sentido del ridículo, la crítica y la competencia aumenta con el paso de
los años) requieren de un largo periodo para incubarse y establecerse en
la personalidad de las personas, el proceso de su “desaprendizaje” al
que nos induce la búsqueda del Clown interior requiere de una visión de
largo plazo para identificarlos, aceptarlos y sustituirlos por actitudes
acordes con nosotros mismos.
Se afirma que la salida a
situaciones de conflicto o de guerra requiere tanto tiempo como haya sido
necesario para su nacimiento y desarrollo. La resolución noviolenta de
los conflictos –armados o no– entiende que la transformación de los
mismos debe trascender del simple cese de hostilidades o de violencia
directa y debe brindar alternativas, comprendiendo tanto las causas
directas como las causas estructurales y culturales. Éstas últimas no
surgen de un día para otro sino que son el resultado de años, décadas o
siglos de incubación. Así pues, es ingenuo e irresponsable considerar
que existan algunas soluciones o recetas mágicas de corto plazo para
tratar los conflictos sociales y, por el contrario, se requiere de mucha
paciencia y perseverancia para ir transformando poco a poco pero con
firmeza los siempre presentes conflictos, y pasar de situaciones problemáticas
a momentos aprovechables para el beneficio de todos los implicados y de la
comunidad en general.
5.
HUMILDAD
Los
payasos dejaron de actuar para hacer reír y se convirtieron en personajes
creíbles, metidos en situaciones que el público podía aceptar como
reales, como propias. Sobre todo, siempre metidos en líos y problemas
como los de cualquiera, y teniendo que aguzar el ingenio para salir
adelante. Eso les dio una mayor condición humana, capaces de conducirse
de manera sublime o pícara, de burlarse o ser burlados. De vivir del amor
o el desamor. (Jara, pg.40)
Otra de las grandes
aportaciones del cine al universo del clown y su proyección a la gente,
ha sido la identificación entre los personajes que interpretaban
cualquier persona de la vida misma. Los payasos dejaron de actuar para
hacer reír y se convirtieron en personajes creíbles, metidos en
situaciones que el público podía aceptar como reales, como propias.
Sobre todo, siempre metidos en líos y problemas como los de cualquiera, y
teniendo que aguzar el ingenio para salir adelante. Eso les dio una mayor
condición humana, capaces de conducirse de manera sublime o pícara, de
burlarse o ser burlados. De vivir del amor o el desamor. (Jara,
Pg.40)
Las lecciones
más valiosas se extraen de los fallos y de nuestra falta de habilidad
para ejecutar ciertos movimientos o secuencias, por cuanto pueden reflejar
bloqueos y desequilibrios presentes en nuestro organismo. (Bunnag,
pg.54)
El Tai Chi y el Clown (como la Cultura de Paz) son
miradas y filosofías de vidas alternativas a la individualista,
cortoplacista, hedonista, egoísta y consumista que impera mayormente en
nuestra sociedad moderna y occidental. Como se afirmo anteriormente, se
componen de una serie de teorías y actividades que antes de pretender
enseñar cosas nuevas, intenta inculcar el desarrollo de un largo proceso
de desaprendizaje de todas aquellas concepciones sociales, corporales,
políticas y culturales artificiales o falsas que con el paso del tiempo
se han vuelto de aceptación general,
“naturales” o “normales”. Ese “desaprendizaje” sólo es
posible con humildad. La humildad es esa capacidad de reconocer las
limitaciones y las dificultades existentes en todos y cada uno de nosotros,
al igual que nuestras virtudes y potencialidades. La humildad nos permite
sentar las bases de nuestra verdadera posición actual y con base en ella
llegar a trazar un recorrido imaginario pero factible de nuestras
capacidades evitando la posible frustración creada por falsas
expectativas. Considero que la humildad es el principio fundamental para
que todo proyecto individual o colectivo funcione porque evita que el ego,
los anhelos desproporcionados o los posibles intereses particulares desvíen
los propósitos iniciales. Pero debemos tener en cuenta que la humildad
–como la visión a largo plazo o la autenticidad –jamás debe
confundirse con la mediocridad o con la resignación como se puede pensar
fácilmente; todo lo contrario, debe relacionarse con el tesón y las
ganas de conseguir algo puntual y real en el corto plazo para, entonces,
poder obtener algo sólido, auténtico y duradero en el largo plazo.
En el Clown la humildad es fundamental no sólo
porque es lo que permite exteriorizar sus torpezas y defectos en sus
acciones sino porqué le da la posibilidad de aceptarlos desvergonzada, pública
y sinceramente. De esta capacidad pública de admitir sus limitaciones (y
que parece tan sencillo pero no lo es), ríe la gente. El Clown es auténtico,
original y sincero y pretende mostrar que la gracia y la felicidad no es
para aquellos orgullosos y magnánimes sino para todos los humildes y
transparentes que gozan y disfrutan la vida con sus defectos y falencias.
La gente no ríe tanto de los actos impensados o incoherentes que un clown
pudiera llegar a realizar, sino que ríe de la mezcla de aceptación,
ingenuidad y humildad que hay en el clown. El clown conoce perfectamente
sus limitaciones –acto heroico y en vías de extinción en hombres y
mujeres de la actualidad –y comparte con su público su conocimiento
para reír con ellos. Les dice sin alevosía y con un gesto de complicidad
y franqueza: “Sí. Este soy yo con todo lo bueno y malo... los invito a
que se rían conmigo”. Pero, al mismo tiempo, es una invitación a cada
persona del público a reírse de sí mismo porque cuando uno ríe de un
clown lo hace porque se siente implícitamente identificado con él. El
fracaso social (continuamente repelido y, por lo tanto, repetido por la
sociedad) y la aceptación explícita que el clown hace de su propio
fracaso y de sí mismo es el punto de partida del clown para crear algo,
lo que sea. ¿A partir de qué? De la nada: de la aceptación de lo que es
y lo que tiene: imaginación, creatividad, ternura, autenticidad, humildad
para crear y recrear un universo de imaginación y fantasía cargado de
humor y sentimiento. Así
pues, cualquier cosa que haga el clown será aceptado por el público y en gran medida será
gracioso por el simple hecho de no iniciar desde un punto demasiado
elevado, de omnipotencia o de control total de la situación sino desde un
punto real y acorde consigo mismo, desde un punto de humildad que le
permite al público identificarse con un ser tan normal como cualquiera.
Fotografía: Montse Barquín con el Maestro Fu Sheng Yuan
Montse
Barcon el Maestro Fu Sheng Yuan Montse
Barquin con el Maestro Fu Sheng Yuan
En
Tai Chi Chuan se afirma que uno de los requisitos para el autoconocimiento
real está en dejar a un lado el ego, los apegos y la prepotencia. El taoísmo
afirma que se debe eliminar cualquier intención, deseo o anhelo previo a
cualquier acción, de manera que se eviten las situaciones que dan pie a
un seguro fracaso o frustración dadas las falsas y elevadas expectativas
que crea un ego indomable. Si trasladamos lo anterior al ámbito del
movimiento corporal, en la práctica del Tai Chi Chuan se vislumbra que no
se debe realizar ningún movimiento que exceda o limite la postura y
movimiento natural del cuerpo o de alguna de sus partes; no se debe forzar
ninguna parte del cuerpo con movimientos forzados y debe realizarse lo más
naturalmente posible al alcance de las limitaciones físicas de cada
persona, no importa sí han sido traumatizados o transformados
negativamente por los malos hábitos. Los movimientos y posturas
antinaturales y no naturales sólo pueden ser identificados y corregidos
en la medida en que seamos capaces de aceptarlos y expresarlos libremente
con los movimiento del la forma
del Tai Chi. Hace falta una buena dosis de humildad que permita reconocer
públicamente y sin vergüenza las dificultades y limitaciones físicas (síntomas
de desequilibrios energéticos o emocionales) como primer paso para llegar
a corregir con la práctica constante y la dirección de un guía o
maestro cualquier tipo de desequilibrio físico, emocional o energético.
La Cultura de Paz invita a conocer y aceptar las
restricciones de todos aquellos que quieren participar de un proceso de
paz y de las mismas sociedades o colectividades implicadas en un conflicto.
La humildad de conocer y reconocer las potencialidades y las limitantes es
un factor fundamental, no sólo para evitar las frustraciones, sino para
establecer un plan de ruta personal, institucional o social acorde con los
recursos sociales, económicos, culturales existentes para transformar
positivamente el conflicto. Sin humildad todo proceso de paz será
frustrado por las exageradas expectativas, las ambiciones ilimitadas, el
excesivo deseo de reconocimiento o fama y la incapacidad de comprender el
punto límite entre lo que quiero y lo que puedo conseguir como persona,
colectividad o institución. La Cultura de Paz es una invitación para
aceptar y reconocer los elementos positivos y negativos con los que
realmente se cuenta para la transformación positiva de los conflictos y
es un espacio para aceptar con humildad que sólo somos parte de un
proceso integral en donde deben converger y dialogar todos los esfuerzos
encaminados hacia la búsqueda colectiva y constructiva de justicia y paz
(sin que importe el nivel o los protagonistas de los diferentes procesos).
6.
SINCERIDAD / NATURALIDAD / TRANSPARENCIA
En esencia, la
reconciliación representa un lugar, el punto de encuentro donde se
pueden aunar los intereses del pasado y del futuro. La reconciliación
como encuentro plantea que el espacio para admitir el pasado e imaginar el
futuro son los ingredientes necesarios para reconstruir el presente. Para
que esto suceda las personas deben descubrir formas de encontrarse consigo
mismas y con sus enemigos, sus esperanzas y sus miedos. (Lederach,
Pg.55)
El clown nace del interior de cada uno. Por
tanto, va a tener lo esencial de nuestro carácter y de nuestra estructura
física. Pero esencial no es todo aquello que hemos incorporado a
nuestro comportamiento debido a la presión de las normas sociales.
Por ello, vamos a descubrir, con sorpresa,
como nuestro clown hace cosas que
nosotros
habitualmente no nos permitimos, porque él es un espíritu libre que vive
y
actúa con sinceridad, en coherencia con sus sentimientos. (Jara,
pg.83)
Es, por tanto, imprescindible que este proceso de descubrimiento se
produzca desde la improvisación, que es el medio más eficaz para crear
desde la
individualidad,
y por tanto, desde la verdadera originalidad de cada uno...
Estamos dominados por la razón, y es preciso
entender que ésta no es
la única vía para crear. (Jara, pg.76)
Trabajando con nuestra agresividad y nuestro miedo, al final
podemos encontrar la paz y la bondad que hay en nosotros y convertirlo en
la base de nuestras relaciones. Haciendo más lento nuestro organismo
volvemos, paso a paso, a la fundamental y luminosa simplicidad que es
nuestro auténtico tesoro. (Bunnag, pg.90)
La
falta de sinceridad nos mantiene en la ignorancia, lo que de por sí
impide el desarrollo de lo esencial supremo, ya que la ignorancia es
ignorar lo que sabemos. Cuando dejamos de ignorar, volvemos a ser
inocentes, porque sabemos que no sabemos... (Artículo
sobre Tai Chi, Escuela de Chile)
Muy relacionada con la humildad se encuentra la
sinceridad que es un principio que hace relación a la facultad de actuar,
pensar o sentir de la manera más natural y más acorde consigo mismo. La
sinceridad es un requisito indispensable para que la práctica del Tai Chi
Chuan y del Clown sea disfrutada y los objetivos que se pretenden se
puedan alcanzar. Porque el Clown es una práctica de autoconocimiento
personal que tienen como uno de sus objetivos la búsqueda de la esencia
particular de uno mismo y el Tai Chi se fundamenta en el cuidado y cultivo
de un buen estado de salud físico (que luego trascenderán al ámbito
espiritual y energético) a partir de movimientos corporales fluidos y armónicos
de base marcial. Sin sinceridad la búsqueda del Clown se desviará hacia
la actuación mientras que el cuidado de la salud y la evolución de la práctica
en el Tai Chi no podrán desarrollarse.
El Clown es un tipo de payaso moderno que basa su
humor en su originalidad, debilidad, ingenuidad, inteligencia, torpeza y
creatividad; no sigue lineamientos preestablecidos o anteriormente
elaborados, como los actores, sino que se apoya en su autenticidad que se
manifiesta en la espontaneidad y la capacidad de improvisación. El clown
es todo lo contrario a un actor pues nunca actúa ni recrea un número
predefinido o cerrado: el clown simplemente y desarrolla su número a
partir de lo que ocurre en el momento presente y lo que espontánea y
sinceramente surge desde su interior. El clown es un artista que se deja
llevar por sus sentimientos inocentes y espontáneos que remiten a la
capacidad de reír, de soñar y de aflorar el espíritu de niño que todos
los seres humanos tenemos; es la esencia de uno mismo, el payaso que
tenemos dentro y que hemos olvidado con el paso de los años por la
exagerada responsabilidad que socialmente se han creado los adultos. Por
lo tanto, el clown no está apegado a libretos o a algún tipo de
estructura que predeterminen ni, mucho menos, juzgan su conducta; es un
ser transparente que se digna de ser él mismo con sus genialidades y
brutalidades, defectos y virtudes, talentos y dificultades con el objetivo
de hacer reír y compartir ese instante de gozo y alegría con los demás.
La sinceridad es el motor, fuerza y esencia del clown sin la cual sería
un actor, sería otro.
Durante la infancia los seres humanos nos
comportamos frente a nosotros mismos y los demás de forma muy natural,
sin que nos importe qué piensen o digan los demás; el trabajo de búsqueda
del clown consiste en encontrar aquella esencia primaria, particular y
espontánea que fluye con mayor facilidad en la infancia y que suele
esconderse bajo un escudo artificial que nos hemos autoimpuesto en la
adultez para ser aceptados socialmente (sin darle la misma importancia a
nuestra propia aceptación). En el proceso de descubrimiento del propio
clown se busca descubrir y reconocer la naturalidad para actuar como uno
desea desde lo más profundo del ser, sin desconocer la experiencia y la
historia de vida particular que se haya tenido. No se busca simplemente
ser de nuevo niños por un instante porqué, innegablemente, no sólo
tenemos más edad sino una mayor experiencia de vida acumulada que
determinan nuestra esencia particular de lo que somos en el presente. En
otras palabras, se pretende encontrar el propio clown a partir de la
esencia natural, tierna, descomplicada y auténtica que fluye libremente
en la infancia con el toque propio y el estilo personal desarrollado por
la vida que hemos tenido sin llegar a desconocer nada de lo que somos. Por
ello, los cursos de clown tienen su fundamento en la improvisación, en la
capacidad de vivir y reaccionar a los sucesos exteriores sin pensar o
racionalizar exageradamente, sin contagiarnos negativamente de las
opiniones sociales y sin desconfiar en ningún momento frente a lo que
somos, llegando a liberarnos de cualquier tipo de represión exterior o
social. Ese espacio de libertad y sinceridad es una de los aportes lúdicos
y pedagógicos que los talleres de Clown pueden
brindar a la resolución de conflictos.
En el Tai Chi se enseña a que los movimientos de
todos y cada uno de los pasos y de las posiciones de la forma sean
lo más natural y sinceros posibles. No se debe forzar absolutamente
ninguna parte del cuerpo hacia ninguna dirección pues la belleza y la
fuerza de los movimientos surgen cuando los movimientos se realizan con la
mayor naturalidad posible. En el caso que ya exista alguna atrofia o
incorrecciones en los movimientos corporales causados por los malos hábitos
o la falta de ejercicio, la respuesta correcta también será moverse con
naturalidad, según las dificultades o limitaciones existentes, de manera
que se puedan percibir y corregir los bloqueos energéticos que se
manifiestan a través de los movimientos corporales. El Tai Chi Chuan enseña
que jamás se debe forzar o intentar controlar o manipular algo; la
sinceridad prevalece sobre lo falso y es condición indispensable para
mejorar y alcanzar mayores niveles de autoconocimiento, de manejo de la técnica
marcial y del flujo equilibrado de energía.
La Cultura de Paz corrobora la importancia de la
sinceridad en todos aquellos involucrados en un proceso de paz o de
resolución noviolenta de conflictos. En estos casos, la sinceridad –junto
a la humildad –está relacionada con la capacidad de reconocer las
limitaciones e incapacidades que una persona, un equipo o una institución
puede llegar a tener en el largo proceso de intentar abordar y ayudar a
resolver los conflictos existentes. Implica una actitud constructiva de
aceptar el desconocimiento o la ignorancia en ciertos temas y de reconocer
el conocimiento y la experiencia que otros tienen del mismo tema, para
construir colectiva y creativamente un posible camino de paz.
7.
RESPETO
Estas
dinámicas y pautas, impulsadas por experiencias de la vida real,
percepciones subjetivas y emociones, hacen que las soluciones y procesos
mecánicos y racionales para la transformación del conflicto resulten no
solo ineficaces, sino que en muchos lugares sean incluso irrelevantes u
ofensivos. Para que por lo menos sea apropiada y relevante en el conflicto
contemporáneo, la construcción de la paz debe estar arraigada en las
realidades subjetivas y empíricas que determinan las necesidades y
expectativas de las personas y responder a esas realidades. (Lederach,
pg.52)
El mayor recurso para sostener la paz a largo
plazo se encuentra siempre arraigado en los pueblos locales y su cultura.
(Lederach, pg.122)
El clown no insulta,
expone sus opiniones y/o emociones a través de palabras que juegan ese rol.... El clown no transmite violencia... ni
cuando arremete. El clown puede conducirse de manera cruel, siempre y
cuando se produzca un efecto distanciador de dicha crueldad, para el que
mira: inconciencia al hacerlo, exageración al imaginarlo, excentricidad
en la forma de realizarlo... (Jara, pg.75)
El Respeto
parte por el respeto al propio deseo, a la voluntad de querer estar
bien, respeto al propio proceso, respeto por el tiempo que necesitamos
para hacer el aprendizaje, sin expectativas ni ansiedad de tener que
rendir ante los demás. Respeto por lo maestros que transitaron el camino,
respeto por el compañero que tiene su propio proceso y tiempo y respeto
por los que vendrán después. (Artículo
sobre Tai Chi, Escuela de Chile)
Si se entiende el universo, la
sociedad, las personas, el mundo y todos los seres que los habitan como
manifestaciones particulares y complejas de la vida, sólo queda una
manera de convivir pacífica y felizmente con nosotros mismos y con las
demás: con respeto. Los diversos, particulares, diferentes y propios
caminos de cada ser vivo requiere del respeto para que la multiplicidad de
caminos escogidos pueda ser desarrollado por todos y cada uno de los seres
vivos que habitamos la Tierra –y el universo– sin destruirnos o
anularnos mutuamente. Respeto es comprender, aceptar y permitir (dar
libertad a) las decisiones y acciones realizadas –por mí o por otro
–por encima de las diferencias, los apegos y los deseos particulares que
se puedan tener y que sólo persiguen un beneficio individual en
detrimento de los demás. El respeto es una virtud que inicia –como la
mayoría de los principios que se han tratado en este texto –desde
adentro para poder surgir, desarrollarse y expandirse en el exterior: sin
bases internas sólidas de auto respeto jamás será posible construir una
relación sólida y duradera de respeto y convivencia con los demás.
Hoy en día se habla mucho de
respeto pero suele olvidarse el auto-respeto hacia nuestras decisiones,
sentimientos, deseos, pensamientos, acciones e intenciones. Considero que
es una tarea urgente y de vital importancia llegar a entendernos y vernos
a nosotros mismos de manera compasiva, solidaria, responsable y
constructiva –como en algunas ocasiones se hace con los demás. No hay
un equilibrio (o armonía Yin-Yang como dirían los Taoístas) entre una
actitud rígida, cruel y dura consigo mismo y una actitud solidaria y
compasiva con quienes nos rodean; esto sería simple sumisión y
servilismo. El punto medio deseado es aquel en el cual respetamos no sólo
el camino de los otros sino también el nuestro, en un círculo que se
retroalimenta constantemente con la convivencia y el conocimiento de sí
mismo, de la comunidad o sociedad de la que se hace parte y las de los demás
para el beneficio de todos. El Tai Chi, el Clown y la Cultura de Paz también
nos enseñan a respetar el camino propio escogido y aceptar el trayecto
realizado hasta ahora, con nuestras virtudes y defectos, éxitos y
fracasos, alegrías y tristezas, capacidades y limitaciones, pérdidas y
ganancias. A partir de nuestra propia aceptación, comprensión y liberación
podremos aceptar, comprender y permitir (dar libertad a) las decisiones y
acciones de los demás, es decir, podemos llegar a respetarnos.
Al no existir un camino
predefinido o predeterminado y al entender la complejidad y singularidad
simultánea de todos los seres vivos y de su interdependencia, queda
sobreentendido que los tiempos y los espacios de cada ser o sociedad son
específicos y únicos. En todas las tres actividades analizadas se hace
énfasis en la importancia de respetar los tiempos y los espacios propios
de cada persona, comunidad, sociedad, país o colectividad; ayudan a
entender que cada cual tiene un espacio y tiempo particular para recorrer
el Camino que ha decidido tomar por lo que considero perjudicial intentar
imponer otros tiempos o espacios diferentes al propio. En la resolución
de conflictos armados debe comprenderse y respetarse el contexto histórico,
político, cultural, social y económico de las sociedades o
colectividades involucradas en una guerra, pues son éstos los que nos dan
las claves y las herramientas necesarias para una posible transformación
duradera y constructiva de los conflictos. En el Tai Chi debe respetarse
los tiempos de las acciones motrices, corporales y energéticas de cada
persona para reconocerse y empezar a equilibrar el chi, por lo cual no se puede imponer un ritmo que no sea el propio
de cada persona o grupo. Y en el Clown es muy recomendable y sano entender
que la velocidad del desaprendizaje que se intenta realizar en la búsqueda
del clown también depende de las particularidades y las características
propias de cada persona, por lo que es muy valioso contar con un maestro y
unos compañeros clown que entiendan esto y, por lo tanto, no intenten
forzar los tiempos de desarrollo de los otros clowns. El clown siempre actúa
bajo el respeto que su público o compañero clown merecen. Partiendo del
respeto hacia su labor, hacia sí mismo y hacia los demás puede recrear
situaciones de risa y diversión de sus limitaciones y las de los otros,
sin llegar a caer en el facilismo de la burla irrespetuosa y destructiva.
Con respecto a las
confrontaciones y combates, el Tai Chi Chuan, entendido como arte marcial,
le da prioridad al respeto y a la compasión por encima de cualquier
sentimiento destructivo que nazca de la venganza o la ira. Cuando se
aplican los conocimientos y las técnicas de Tai Chi en el combate libre,
cada puño, patada, desvío, defensa o golpe se hace con un sentido
integral de respeto y compasión por el contrario, no obstante que los
guerreros tradicionales se hermanan en la misma muerte. Bajo las normas
del verdadero guerrero no hay lugar para el uso de la fuerza descontrolada
que suele hacer aparición cuando no se está acostumbrado a enfrentar el
miedo y la agresividad natural que habita en el ser humano. El Tai Chi
enseña a manejar y saber utilizar la fuerza interna, sobreponiéndose al
miedo y al sentimiento natural y animal de agresión de los Hombres que
usualmente conllevan a insultos, golpes y manifestaciones violentes (de
irrespeto) contra el otro. El Tai Chi es un mecanismo que convierte y
transforma el miedo y la agresividad en fuerza marcial de defensa y
espiritual de construcción noviolenta.
III.
TÉCNICA
8.
ESCUCHA Y SILENCIO

En segundo lugar, poner en contacto a uno con el
otro implica un encuentro, no solo de personas, sino de varias corrientes
de actividades distintas y muy interdependientes… Una cosa es conocer,
pero reconocer es un fenómeno social muy diferente. Llegar a admitir
después de escuchar las historias de los demás da validez a la
experiencia y los sentimientos, y representa el primer paso hacia la
recuperación de la persona y de la relación.
(Lederach, 55)
(El Hombre) No es una víctima de fuerzas inexplicables fuera de su
control sino que dispone del medio para entender como actúan las energías
que hay en su cuerpo y que conformas su medio y circunstancias. Esta
comprensión utiliza el intelecto, pero debe profundizar más e incluir el
conocimiento intuitivo, la capacidad de percibir lo que ocurre dentro y
fuera, la cual es directa, inmediata y espontánea. (Bunnag,
pg.27)
Otra cualidad beneficiosa que desarrolla la
disciplina es el silencio. De nuevo, si queremos conectar con el silencio,
antes debemos estar preparados para enfrentarnos al ruido que hay en
nuestro interior, así como aprender a habérnoslas con lo que nos rodea.
Eso significa que aprendemos no a reaccionar, sino a permanecer en el
centro.
(Bunnag, pg.88-89)
Pareciera que un trabajo que
intenta relacionar actividades y campos del saber tan diferentes e
incompatibles entre sí (a primera vista) como la Cultura de Paz, el Tai
Chi Chuan y el Clown es una labor eminentemente creativa. Se piensa con
facilidad que se debe recurrir indispensable y completamente a la
imaginación o incluso a la ficción para entablar algún tipo de relación
entre una naciente teoría para el tratamiento y la transformación
noviolenta de los conflictos, una milenaria actividad de meditación y de
artes marciales china y un personaje cómico tan famoso como desconocido.
Pero si bien la función de la imaginación y la creatividad a la hora de
desarrollar cualquier actividad humana es muy importante (como una
presentación de clown, la forma del Tai Chi, un proceso de paz o
elaborar un trabajo final como éste) existe una acción anterior,
indispensable y fundamental que sienta las bases del camino hacia la
comprensión y, por ende, hacia el éxito del proceso emprendido: la
escucha. La escucha, trascendiendo de la tradicional noción que la
relaciona con la simple acción de oír y percibir racionalmente los
ruidos que suceden en el exterior, es un acción que coloca su foco en la
capacidad de captar lo que sucede dentro y fuera de nuestra mente, espíritu
y cuerpo, no sólo a través de nuestro intelecto y racionalidad pero
también a través de los sentidos, las sensaciones y las intuiciones.
No se hace referencia al silencio como simple
ausencia de ruido sino lo contrario: silencio como capacidad de aislar y
neutralizar los ruidos externos y como facultad de escuchar y percibir lo
que no está explícitamente manifiesto, ya sea en forma de sensaciones,
miradas o energías. Es una escucha intuitiva, irracional y activa que
permite captar el trasfondo o la esencia de los fenómenos que suceden en
nuestro interior y se manifiestan en el exterior. Los cursos de Tai Chi
Chuan y de Clown enseñan que el silencio es un elemento imprescindible
para llegar a escuchar los sonidos que exteriorizan los sentimientos, las
sensaciones, los pensamientos y las energías que fluyen y habitan en
nuestro ser. Paulatinamente, con el tiempo y la práctica constante del
Tai Chi, se va desarrollando cierto sentido de escucha intuitiva y control
intencional del recorrido del chi, de manera que (lo interno) sea
reflejado y manifestado exteriormente a través de nuestros movimientos
que cada vez controlaremos mejor. Con la práctica constante de Clown
aprendemos a escuchar con la simple mirada las emociones del público, al
igual que las intenciones del compañero clown de escenario para
reaccionar adecuadamente a las propuestas, las acciones o los sentimientos
que surgen espontáneamente en un espectáculo-clown.
El descubrimiento o reconocimiento de las
limitaciones y potencialidades de cada persona o sociedad en la búsqueda
de respuestas frente a los problemas emergentes debe realizarse siempre
desde adentro, atendiendo lo que sucede en el interior y sin llegar
cerrarse o ignorar el exterior. Para ello es imprescindible la escucha
activa que permite percibir y comprender las señales de lo que sucede
externa e internamente, a través de nuestro cuerpo, corazón y espíritu.
El re-conocimiento necesario para trascender de la copia o imitación de
modelos externos y la comprensión de la naturaleza propia de cada uno
requiere de un proceso activo, profundo y transparente de escucha sin el
cual sería vano cualquier esfuerzo por descubrir el clown o interpretar
correctamente el flujo de energía (chi). La escucha activa, en la
resolución de conflictos, también es un factor clave para llegar a
entender nuestra naturaleza y la de nuestros problemas como paso previo
para su transformación positiva pues es una acción imprescindible para
comprender lo que somos como individuos, colectividad, sociedad o especie
en el presente.
Se puede realizar una analogía sobre la
importancia de la escucha interna en el nivel individual para tratar los
problemas (Tai Chi y Clown) con la que tiene en el plano colectivo, social
o político (Resolución de Conflictos). Así como los movimientos
corporales del Tai Chi y los actos de improvisación del clown son las
manifestaciones externas de la esencia de cada persona, la población
civil vendría a ser la parte interna de la sociedad que se manifiesta en
las exterioridades, acciones o partes
visibles del conflicto. Así pues, toda situación de tensión política,
social o económica tendría su fundamento y origen en lo que sucede al
interior de la sociedad. Los actores armados, los grupos y colectividades
sociales y políticas y sus diferentes instituciones son un reflejo
externo de lo que sucede internamente desde la sociedad civil, de lo que
ha gestado histórica y culturalmente en al pasado hasta el presente.
Desafortunada y paradójicamente, en gran parte de los casos de conflicto
armado la población civil no cuenta con la representación justa ni con
la participación suficiente dentro de los procesos de paz, a pesar de ser
el soporte de la sociedad y de ser una clara mayoría frente a los actores
armados a los que se suele dar mayor protagonismo por el peso de sus armas.
Lo que se quiere resaltar en este punto es que cualquier proceso de paz o
de resolución de conflictos en sociedades divididas que pretenda tener un
mínimo de coherencia para lograr los objetivos deseados y posibles
necesita de la escucha activa de la sociedad civil si no se quiere caer un
una trampa en la que se deja de lado al principal actor del conflicto y se
llegan a soluciones efímeras de corto plazo que reproducirán o
recrudecerán el conflicto en el largo plazo. Esta escucha activa hace
referencia a los mecanismos de participación y representación democrática
con las que debe contar la sociedad civil dentro de todos los procesos políticos
–incluidos los procesos de paz en conflictos armados –de manera que lo
externo (político) sea siempre un vivo y fiel reflejo de lo interno
(social).
9.
RELAJACIÓN Y FLUIDEZ
Cuando
combinamos los elementos en el marco integrado empezamos a establecer una
infraestructura para mantener la transformación dinámica del conflicto y
la construcción de la paz. Por infraestructura para la construcción de
la paz se debe entender una estructura-proceso,
en la manera propuesta por la teoría cuántica. Una estructura-proceso
consiste en sistemas que mantienen la
forma a lo largo del tiempo pero no tienen una estructura rígida.
(Lederach, pg.112)
Para que el clown de
cada uno crezca sano y fuerte, es preciso dejarle dar sus primeros pasos sólo,
y renunciar, por tanto, a todos los trucos que consideramos propios de los
payasos y a los muchos prejuicios que tenemos acumulados sobre ellos. El
primer paso es despojarse de todo ello y dejar, sencillamente, que
comiencen fluir en nuestro
interior nuevos impulsos y sensaciones. Para ello es importante trabajar
estados de máxima sensibilidad en los que nos deshagamos del sentimiento
de estar obligados, como payasos, a hacer algo que provoque risa a los demás.
(Jara, pg.76)
Los antiguos siempre han
sabido lo obvio: que un ritmo lento y no neurótico es la base de la buena
salud, puesto que permite al organismo funcionar de nuevo como un todo y
respirar con libertad de forma que el C’hi pueda nutrir y revitalizar lo
que hemos agotado. (Bunnag, pg.49)
“Relajarse” es lo más
difícil de conseguir. Cuando alguien logra calmarse realmente, todo lo
demás llega con naturalidad. (Bunnag,
pg.69)
La relajación y la fluidez
mental y corporal son otros de los requisitos imprescindibles compartidos
en la búsqueda de nuestro clown y en la práctica del Tai Chi Chuan. La
esencia del clown está en su transparencia, ternura y autenticidad; la
esencia del Tai Chi reside en la armonía, la naturalidad, la lentitud y
la fluidez de los movimientos que permiten el libre y equilibrado
recorrido del chi. En el Tai Chi se realizan una serie de
movimientos que pretenden estimular el chi (que se puede traducir
simplificadamente como energía), abrir los meridianos y los espacios de
los órganos corporales por donde hace su recorrido el chi
y equilibrarlo, de manera que por todo el cuerpo fluya armónicamente. El chi
se encuentra almacenado en el Tan Tien (cavidad interna o bolsa de aire
caliente ubicada tres centímetros debajo del ombligo), fluye por los
meridianos y alimenta todos y cada uno de los órganos y partes del cuerpo.
El Tai Chi facilita la realización del recorrido equilibrado del chi
por todo el cuerpo, a través de unos canales o meridianos y, en un nivel
más avanzado, permite que el practicante controle conscientemente el
flujo de chi y evite su bloque por un exceso (muy Yang) o una
dispersión (muy Yin) exagerados. Para que esto sea posible es necesaria
la relajación física de músculos, tendones y articulaciones pero,
simultánea y complementariamente, se requiere de la relajación mental.
Sin relajación mental o muscular no hay posibilidad del correcto, libre y
equilibrado fluir del chi en nuestro organismo. La relajación física
y mental permite que el chi recorra, fluya, irrigue y alimente
todas y cada una de las partes del cuerpo, que la mente y el espíritu se
tranquilice y alcance un estado de firmeza, tranquilidad y paz dentro del
cambio, el ruido y el conflicto constante. Relajación no quiere decir en
ningún momento desatención o distensión total sino que significa un
estado de concentración sin intención o dirección donde la mente se
deja libre para que el pensamiento fluya y la esencia espiritual tenga
espacio para emerger.
De la misma forma sucede en el
Clown. La búsqueda del Clown pretende recuperar nuestra esencia, nuestros
impulsos primarios y más profundos que suelen brotar espontáneamente
desde el interior de nuestro ser al reaccionar instintivamente a hechos
externos. Con el clown se intenta decodificar las normas y parámetros
culturales destructivos que hemos creado, adoptado y desarrollado en
nuestra personalidad. Muchos de los parámetros y pautas sociales
establecidos y arraigados en los individuos, colectividades o sociedades
no son más que formas de represión y anulación de los sentidos, las
sensaciones, los deseos y los pensamientos personales que surgen de
nuestro interior y que nos hacen diferentes, particulares y únicos. El
clown es un personaje a través del cual se busca una liberación personal
sin recurrir a mecanismos o herramientas externas; es una búsqueda
interna de lo que verdaderamente somos y que se refleja en todo acto
intuitivo, emocional o del corazón que no es filtrado por el intelecto o
la razón (social o colectiva) que suele reprimirlos o enjuiciarlos.
Cuando se piensa demasiado se
cae en la trampa de la crítica y la represión social porque el
pensamiento es, en buena medida, una acción socialmente condicionada por
una serie de valores y pautas culturales contrarias a nuestra voluntad.
Cuando las normas sociales se imponen sobre nuestros deseos y sentimientos
más sinceros y profundos estamos hablando de represión y, por
consiguiente, de frustración. Por esto el clown es un ser de liberación
personal –guardando las proporciones de los términos –que nos ayuda a
percibir nuestra esencia más allá de la racionalidad y de los
estereotipos sociales artificiales. Para que lo anterior sea posible, es
necesario estar relajados y no pensar; sólo actuar escuchando el
interior, los instintos, las emociones que subyacen en nosotros y nos
diferencian del otro, haciéndonos auténticos y originales. Así pues, el
no pensar y la relajación es otro de los elementos de desaprendizaje que
nos llevan en este camino de liberación y autoconocimiento personal. El
cambio de lógicas, la flexibilidad y la improvisación del clown podría
ser un contrario y un complemento al mismo tiempo de la racionalidad y
rigidez de los estudios académicos y del pensamiento estructurado, de
manera que toda nuestra potencialidad humana crezca como un todo. Como lo
aconseja el Taoísmo, es importante señalar que no se debe tomar esta
afirmación como una apología a la desfachatez o la irresponsabilidad
pues el equilibrio entre razón e irracionalidad también debe estar
presente en el clown.
Al igual que en el Tai Chi en
donde el peso y soporte debe estar en los pies y las piernas (“enraizamiento”)
y la flexibilidad que permita un movimiento rápido y oportuno en el resto
del cuerpo, en los procesos de reconciliación de sociedades divididas
también debe existir un grado de flexibilidad que permita la entrada de
actores, colaboradores, sugerencias, mecanismos o ideas alternativas a las
estipuladas en las bases (“plan de ruta”). Comparativamente, los pies
vendrían a ser el plan de ruta y el cuerpo flexible las posibles
alternativas y modificaciones necesarias en todo proceso de paz. También
se puede aprender de la rapidez mental y la agilidad de improvisación del
Clown, que va creando sobre la marcha según los acontecimientos que
suceden a su alrededor o de las energías que siente y percibe del público.
La flexibilidad de los procesos de paz hacen referencia a la capacidad de
actuar sobre los acontecimientos que se presentan y sobre la situación
cambiante del contexto, de manera que se evite un exceso de rigidez que
disminuya los espacios de participación y las oportunidades para superar
las crisis. Sin un mínimo de
flexibilidad todo proceso de paz estaría destinada al fracaso pues bien
sabido es que las negociaciones –como buena parte de las actividades
humanas –dependen en gran medida a las reacciones que se tienen frente a
los acontecimientos puntuales y coyunturales para los que no hay ninguna
respuesta preestablecida.
10.
EL PODER
La
creación de capacidad implica en un primer nivel que estamos orientados a
la expansión de lo que ya hay y es accesible. Refleja un énfasis en el
valor intrínseco de los conocimientos y capacidades de las personas y, al
mismo tiempo, un reconocimiento de que es necesario y es posible un nivel
cada vez mayor de desarrollo, aprendizaje y concienciación. (Lederach,
pg. 137)
Los
personajes que ambos desarrollaron en el cine (B. Keaton y Ch. Chaplin) se
ajustan, asimismo, al concepto de clown que venimos manejando todo el
tiempo: enclenques pero fuertes de espíritu, tozudos, traviesos,
superados por las circunstancias pero siempre dispuestos a levantarse una
y otra vez, apasionados por la vida, duros por las adversidades pero
tiernos, ingenuos e inteligentes. Y sobre todo románticos... Son
personajes dispuestos a la aventura, a la superación, al mayor de los
atrevimientos con tal de conseguir el amor... La riqueza y variedad de
clowns en el cine han sido inmensas... el rasgo común en todos ellos es
la infinita ternura, sin la cual el clown no existe.
(Jara, pg.39)
La
fuerza exterior del cuerpo se basa en la elasticidad y flexibilidad de los
músculos y de las articulaciones. (Bunnag,
pg. 64-65)
“En
el mundo no hay nada más sumiso que el agua. Incluso para combatir lo
duro y lo fuerte nadie lo supera. Lo débil vence a lo fuerte ,lo blando
vence a lo duro; todo el mundo lo sabe pero nadie puede ponerlo en práctica.”
(Lao Tzu) (Bunnag, pg.80)
El
Tai Chi no solamente capacita a sus practicantes para neutralizar la
dureza y la rapidez y ser entre los primeros en las Artes Marciales, sino
también fortalece a los débiles, cura a los enfermos, vigoriza a los
debilitados, y alienta a los tímidos. Ciertamente, es una manera de
fortalecer al individuo, la raza y a la nación. ¿Puede permitirse el
lujo de pasarlo por alto nuestros líderes políticos que aspiran que
aspiran aliviar el sufrimiento del pueblo? (Cheng,
pg.13)
El Tai Chi surge de las artes
marciales chinas que se practicaban en la antigüedad y que eran enseñadas
de generación en generación para, luego, empezar a manejar conceptos y
teorías espirituales, curativas y energéticos y conformar la práctica
holística de lo que hoy en día se conoce como Tai Chi. En sus inicios,
el Tai Chi era una técnica marcial que utiliza el poder de la suavidad y
de la flexibilidad para la defensa y el ataque en el combate. En el Tai
Chi se afirma que la fuerza no está relacionada directamente con los músculos
y los huesos –que aparentemente son las parte más duras del cuerpo –sino
más bien con la velocidad de ejecución de los movimientos y con la
flexibilidad de los tendones. El poder del aspecto marcial Tai Chi reside
en la capacidad de utilizar lo mejor posible y con el mínimo de esfuerzo
la fuerza del oponente y usarla en su contra, interpretando y escuchando
los movimientos del contrario antes que los ejecute; no se trata, por lo
tanto, de fuerza externa, espontánea y bruta (como lo hacen prácticas
como el fisiculturismo o las pesas) sino de fuerza interna, sutil, suave y
efectiva producto de la práctica constante y a largo plazo.
En la ternura y la sinceridad
esta el poder del clown. Afirma que a pesar de la debilidad, torpeza e
ingenuidad presentes en todos los hombres y mujeres que habitamos este
planeta, representada y exaltada con mayor fuerza en el clown, tenemos un
gran poder de transformación y construcción si seguimos al corazón. El
Clown presenta una teoría alternativa y revolucionaria frente a las
manifestaciones de poder tradicionales del más fuerte,
del más poderoso, del tradicional ‘macho’ que soluciona todo a
cualquier precio con tal de imponer sus deseos e intereses sobre los demás.
En múltiples presentacions
de clowns se ha
demostrado que en el momento que la persona violenta es sacada de su lógica
de poder (basada en la fuerza externa) y se le enfrenta directamente con
una simple pero sincera propuesta de ternura y amor, baja su deseo de
competencia y se dispone a compartir. A diferencia de la fuerza bruta
utilizada con lógicas destructivas, el cariño y la ternura del Clown
tiene bases para perdurar y trascender porque le pertenecen y no proceden
del exterior. Por eso, el clown es un sujeto que brinda amor, ternura y
confianza a través de situaciones y acciones graciosas (o no) que permite
a cada persona del público reír con el clown y de sus ocurrencias. Uno
de los objetivos del Clown es reivindicar la fortaleza o el poder de la
alegría, el afecto, la sinceridad y la originalidad como
herramienta para superar las pequeñas o grandes
adversidades que se presentan en la vida, muy por encima de la imposición
o la violencia aplacadora que nunca logran obtener resultados a largo
plazo.
La Cultura de Paz entendida no sólo como
disciplina de estudio sino como filosofía de vida encuentra su sustento
en la coherencia entre fines y medios, entre principios y objetivos. Esta
coherencia le otorga una solidez y potencia mayor sobre cualquier postura
ideológica o política que sea contraría consigo misma, con sus
principios o con sus objetivos. El poder de la Cultura de Paz reside en
aceptar con sinceridad –no confundir con resignación –nuestra esencia
como personas individuales y como parte de una agrupación o sociedad, con
todas las limitaciones y virtudes con el ánimo de llegar a construir
colectivamente caminos de reconciliación y de desarrollo para todos. Nos
incentiva a trabajar sobre una base sólida donde se acepten y reconozca
las injusticias y los desbalances existentes para aumentar el poder de los
más desfavorecidos o necesitados a partir de sus propios recursos (empodermiento).
11.
LA MIRADA
No
se trata meramente de “crear esperanza contra toda esperanza” en medio
de una tragedia humana. Se pretende que tanto las personas como las
comunidades participen en el proceso de mirar hacia el horizonte de
reconciliación, hacia el lugar donde pueden concebir la vida en un futuro
interdependiente y definido en común, aun cuando en este momento todavía
no sea posible. (Lederach, pg.146)
El clown mira
de frente, ojos bien abiertos, cejas arqueadas. Inocencia. Mirada clara,
receptiva, abierta a recibir, sentir y conocer. Mirada que anuncia, que
informa. Transparencia total hasta cuando intenta ocultar. El clown busca
compartir, implicar al que le observa... En el clown, la mirada es una
puerta abierta para comunicar, para expresar. Nunca para ocultar, ni
siquiera cuando lo intenta. Es una puerta social para el intercambio, el
puente de comunicación de su mundo interior y la manera de confrontar éste
con el de los demás, con las normas sociales. (Jara,
pg.67)
Si un clown
no nos mira, no existe. (Jara, pg.69)
La atención se
dirigirá a izquierda y derecha, delante y atrás, arriba y abajo, dentro
y fuera, lo lleno (lo substancial) y lo vacío (lo insubstancial); en
otras palabras, el Yin y el Yang deben distinguirse con nitidez y debe
evitarse su exceso o falta. (Bunnag,
pg.46)
Así como la escucha supera de lejos la simple acción de oír, la
mirada trasciende contundentemente del hecho de observar. La mirada es un
aspecto que define, refleja y transmite la esencia de las personas. Es el
medio de comunicación más simple y sencillo del que gozan los hombres y
mujeres para comunicarse entre sí, dejando de lado la exageración de
palabras, gestos, imágenes o sonidos. A diferencia de los anteriores, la
mirada nunca engaña y transmite eficazmente la esencia de cada ser humano
que transmite sus sentimientos, emociones y pensamientos presentes a través
de sus ojos. La mirada, además de decirnos qué es lo que hay allí
adentro de cada ser, nos manifiesta el punto hacia donde se quiere ir. La
mirada marca el horizonte personal y relacional al que se desea llegar
tanto en el plano personal como en el institucional. Como en los
individuos, la mirada de las instituciones o colectividades corresponde a
las metas y los objetivos que se quieren alcanzar y que siempre deben
estar explícitos y claros para que puedan ser alcanzados y se eviten
malentendidos; es el horizonte hacia donde queremos llegar.
El clown es un personaje que desea compartir todo con los demás: lo
que hace, lo que deja de hacer, lo que piensa, lo que imagina, lo que sueña,
lo que planea.... todo. Y para ello se vale de la mirada, muy por encima
de las palabras y los sonidos que suelen cargar de racionalidad y lógica
cualquier acción, ya sea para justificarla o darla a entender –muchas
de las veces cuando no hay necesidad. Con este sencillo gesto de transmisión
realizado con los ojos, el clown comparte sincera y transparentemente sus
emociones, sensaciones y pensamientos más profundos sin necesidad de
decir una palabra o emitir algún sonido. La mirada es la puerta de acceso
que le permite al público identificarse y relacionarse con el clown,
crear una complicidad mutua que no da lugar a engaños y poder reír con
él. El Clown nos demuestra que con una mirada podemos
mostrarnos y relacionarnos transparentemente con los demás y
permite acceder a canales de comunicación eficientes que, en muchas
ocasiones, funcionan mejor que las palabras para acercarnos o
comprendernos mejor.
La mirada en el clown y en el practicante de Tai Chi siempre debe
proyectar. sentimientos o intenciones. En el clown la mirada sincera y
transparente está dirigida a cada uno de sus espectadores o compañeros
clown, entablando una relación única y particular con cada uno de ellos
sin pronunciar una sola palabra. La mirada del practicante de Tai Chi debe
realizar una proyección horizontal que (valga la redundancia) esté
dirigida hacia el horizonte infinito, con la cabeza relajada y en su
posición natural sobre las ejes cervicales; la mirada proyectada hacia el
horizonte deberá marcar un punto de equilibrio que refleje serenidad,
equidad, calma e intención. No debe estar demasiado elevada hacia arriba
–denotando prepotencia,
superioridad, alevosía –ni demasiado clavada hacia abajo –denotando
sumisión, servilismo, falta de espíritu. La mirada en el Tai Chi es un
reflejo sutil del punto de encuentro y proyección entre mi posición
actual y la que quiero adquirir en el siguiente movimiento, sin mirar un
punto definido pero siempre teniendo conciencia global y precisa de la
ubicación tanto de las personas y sus movimientos como de las cosas
circundantes.
Los
aportes que se pueden substraer de las técnicas de la mirada en el Tai
Chi y en el Clown a la hora de iniciar o desarrollar un proceso de paz están
relacionadas con el “plan de ruta”. Nos enseña que en todo proceso de
resolución de conflicto debe tenerse un mínimo conocimiento de los
puntos de partida particulares del mismo proceso, de los grupos
involucrados y del mínimo punto de llegada que todos comparten. Así como
el clown o en el Tai Chi la mirada esta dirigida a un punto específico,
en los procesos de paz es importante tener un plan de ruta o una guía
definida, estructurada y conocida por todos que oriente el proceso (así
no se cumplan todos los objetivos estipulados en el futuro). Así pues, la
mirada de un proceso de paz es una proyección de futuro compartido a
partir de un pasado o presente distante o incompatible. Un elemento que se
debe rescatar de la sinceridad y transparencia de la mirada del clown y
del practicante de Tai Chi es la que hace referencia a la voluntad de
transmitir y dar a conocer con la mayor transparencia y sinceridad posible
las intenciones y los deseos que se tienen, de forma que exista un mínimo
básico, real y permanente sobre el cual dialogar, negociar y acordar.
Viçenc Fisas y Cami
IV.
CLOWN CLU
CHI ONES
12.
PUNTO DE LLEGADA (PARA INICIAR)
En
términos más específicos, una “estructura-proceso” para la
construcción de la paz consiste en transformar un sistema
de guerra caracterizado por relaciones violentas, hostiles y
profundamente divididas en un sistema de
paz, caracterizada por relaciones interdependientes y justas con
capacidad para encontrar mecanismos no violentos de expresión y
tratamiento de conflictos. El objetivo no es un estado final estático,
sino mas bien la generación de procesos autorregeneradores dinámicos y
continuos que mantengan la forma con el tiempo y sean capaces de adaptarse
al entorno emergente y cambiante. . (Lederach,
pg.55)
Tengo
la sensación de que el número lo estoy aprendiendo hasta ahora (después
de cincuenta años realizándolo). Con los años te vuelves más delicado
y piensas mejor. Entonces comprendes
mejor a la gente, al payaso y sus comportamientos. Cuando empecé
no hacía más que pensar y pensar: después del truco de la bicicleta haré
esto y aquello, luego iré al principio. En cambio, ahora es una sensación
que llevo dentro de mí, que siento también con el público. Procuro no
precipitarme, pienso: Has de tomártelo con calma. Vamos a divertirnos
todos.” (Cita de Joe Jackson Jr. en Jara,
pg.35)
Y en las terapias de
modificación de conducta sus posibilidades son ilimitadas, ya que sacar
fuera nuestro clown significa sacar fuera con total libertad nuestros
pensamientos y sentimientos más auténticos, primarios y sinceros. Y esa
es la base para solucionar cualquier tipo de problema. (Jara,
pg.50)
La
conciencia y precisión que nos han traído hasta este punto aún están
presentes pero en la disciplina de la forma externa existe un total
dejarse ir. Esta ausencia interior de esfuerzo y voluntad se refleja en la
noción taoísta de Wu Wei, “no hacer”. Lo que significa que cuando
existe armonía entre el interior y el exterior, relajación, disciplina y
movimiento, la conciencia de que uno es una entidad separada se desvanece
y la dualidad desaparece dejando espacio al Tao. (Bunnag,
pg.64)
Puedo afirmar que la Cultura de
Paz, el Tai Chi Chuan y el Clown son tres medios diferentes,
complementarios y, en algunos casos, contrarios que dan algunas pautas y
ayudas en el proceso conformarnos como personas íntegras; es decir, seres
con la capacidad de gozar de buena salud, buenas relaciones personales y
afectivas, y de buen sentido del humor con un mínimo de conciencia
colectiva de ser parte única e irrepetible de una familia, una sociedad o
una misma especie a la que nos debemos.
El proceso de desaprendizaje que
desarrollé en Barcelona al tener una primera aproximación a la teoría y
práctica del Clown, el Tai Chi y la Cultura de Paz me hicieron entender
que antes de iniciar un proceso de acumulación de conocimientos externos
a mí, debía alcanzar un punto cero
en el que me pudiera despojar
de todos aquellos hábitos mentales, corporales y sociales destructivos
que inconsciente o conscientemente había incorporado con el paso de los años
y que asumía erróneamente como “naturales”. Espero haber alcanzado
ese primer punto de llegada o de encuentro conmigo mismo a través de los
cursos y talleres recibidos de esos amigos-maestros quienes me enseñaron
lo que hasta ahora se de estas tres formas de asumir y vivir la vida. He
aprendido que el reconocimiento sincero y humilde de lo que somos y de lo
que tenemos es el primer paso en el largo recorrido para llegar a la no
acción, el no pensar, y la no violencia. Para ello fue imprescindible
empezar con humildad, vacío de los conocimientos que hemos adquirido
hasta el momento y que nos hacen creer en “certezas” o “verdades”
(racionales) que limitan nuestra visión o percepción de la vida, del
mundo y los seres que lo conforman, y de la relación con nosotros mismos
y los demás. En el momento que nos encontramos con nosotros mismo y
aceptamos nuestras limitaciones, incertidumbres y fracasos en ese momento
puede haber una persona dispuesta a aprender, enseñar y divertirse para
llenar su vacío. Sólo en este momento puede llegar a surgir un clown, un
practicante de Tai Chi o un constructor de paz.
Hasta el momento creo haber
recorrido este pequeño e importante trayecto que espero poder culminar
algún día con la práctica constante y perseverante hasta la adopción
natural de los principios del wu wei
del Tai Chi Chuan, el no
racionalizarlo todo del Clown y la noviolencia
de la Cultura de Paz. Explicaré entonces cuáles son esos tres
estados a los que estas tres prácticas pretenden llegar para vivir pacíficamente
consigo mismo y con los demás, lo que implica un compromiso irrevocable
con la justicia, la solidaridad y el amor.
La no acción (wu
wei) es aquel estado de consciente inconsciente en el cual la acción
no es resultado del intelecto, el pensamiento lógico-lineal y la
racionalidad extrema que nos induce a escoger la “mejor” entre
determinadas posibilidades, sino que es un producto intuitivo de la
percepción y transmisión de energías que se da a través de la escucha
activa y la práctica constante. La no acción se refiere a la facultad de
saber captar las energías del exterior y responder a ellas con el mínimo
esfuerzo y lo más naturalmente posible, adecuando armónicamente mis
posibilidades de realización al entorno natural y social presente.
El no pensar y analizar todo
exageradamente es la esencia del Clown y que permite a las personas
reaccionar a las situaciones a partir de sus sentidos, sensaciones y
deseos más primarios y profundos. Es decir, le permite reaccionar de una
manera inocente, sincera, y espontánea
a partir de lo que verdaderamente es, sin tener que reprimir,
juzgar ni criticar por anticipado ninguna de sus acciones. El clown
disfruta con todo lo que le sucede en el escenario porque tiene la
posibilidad de vivirlo y sentirlo sin dejar de ser él mismo y de llegar a
responder como le gustaría hacerlo. El disfrutar, sentir y gozar libre,
intuitiva y espontáneamente de todas las nuevas, diferentes y distintas
situaciones que pasan en cada función sin pensar ni analizar
racionalmente cual es la mejor opción, es lo que le permite al clown
trascender de la actuación y pasar al plano del autoconocimiento y
autorrealización. Cuando se deja de pensar minuciosa y exageradamente, y
sencillamente se disfruta, se goza, se reacciona y se está seguro cien
por cien de lo que se va a realizar sin darle importancia a la crítica o
al juicio de los demás, en ese momento puede surgir un clown. El no
pensar (exageradamente, se sabe) permite la libre y espontánea expresión
y evolución de la parte afectiva, emocional e intuitiva del ser humano y
la búsqueda del clown propio es uno de los mejores mecanismos para ello,
desarrollando la parte afectiva, tierna e irracional que todos llevamos
dentro.
La Cultura de Paz y su aplicación
a la resolución y transformación de conflictos fundamenta su actividad y
su fuerza en la capacidad de la noviolencia, entendida como aquel poder
que no tiene su finalidad en la destrucción del otro, el diferente o el
externo sino que pretende entablar mecanismos de diálogo y concertación
en el que haya cabida para todos. La noviolencia es una postura crítica,
activa y responsable frente a los actos propios y lo que sucede en el otro,
la colectividad, la sociedad, el mundo y el universo; de todo aquello de
lo que inevitablemente se hace parte y que se construye y reconstruye con
nuestros actos. La noviolencia es una postura ideológica que puede ser
aplicada por cualquier agrupación política, social, económica,
deportiva, cultural o por cualquier persona en la interminable búsqueda
de justicia y felicidad para todos los seres que habitamos la Tierra.
Finalizo diciendo que el Tai Chi
y el Clown pretenden desarrollar una habilidad intuitiva y orgánica en la
que las acciones y las reacciones (físicas o emocionales) sean el vivo
reflejo de la esencia y especificidad particular de cada persona. Esa
esencia puede ser descubierta y potenciada con el desarrollo de una
verdadera escucha que capte las manifestaciones de la energía, del corazón,
de los sentidos y de las intuiciones internas más naturales. Cuando nos
desprendemos del exagerado apego y dependencia que se tiene frente a lo
intelectual, lo racional o lo fácilmente perceptible, y abrimos la puerta
para escuchar lo intuitivo, lo sensitivo y lo imperceptible a simple vista
y escucha, avanzamos un paso hacia el conocimiento de ese mundo infinito
que somos y podemos llegar a ser. Considero que empiezo una nueva etapa en
la búsqueda de mi camino (Tao) de paz conmigo mismo, con los demás y con
todo (situaciones, objetos, lugares) lo que me rodea; o en otras palabras,
continúo mi senda de vida procurando establecer un óptimo equilibrio
Yin-Yang entre mi parte racional (académica: Escuela de Cultura de Paz) y
mi parte afectiva e intuitiva (Clown y Tai Chi), como lo intenté
describir en este documento, siempre manifestado en la práctica cotidiana
a través de todas mis acciones y mis relaciones. Sigo…
Diplomatura de Cultura de Paz 2004-2005
Escola de Cultura de Pau
Universidad Autónoma de Barcelona
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