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Una
mañana haciendo Ch’iKung en el jardín de casa, poco después
del amanecer miraba hacia el este; entre los árboles el sol
estaba aún bajo, la
mejor hora para regar el jardín, -pensaba yo como otras veces- y
abrí los aspersores de riego, que van girando lentamente.
Al poco de estar trabajando me pareció entrever,
vislumbrar algo a mi derecha, arriba en el cielo, algo como un
globo, pero era demasiado temprano y pensé que sería el reflejo
del sol que se me había quedado en la retina por tenerlo delante,
grande, dorado y bajo. Fue un pensamiento fugaz y casi sin llegar
a pensamiento, puesta
mi atención en la respiración.
Poco después volvió a aparecer la sensación por el rabillo
del ojo derecho, en dirección sur, y creí ver algo redondo en el
cielo, como una sombra. La sombra del sol que se me queda en los
ojos y que se desplaza _en negativo_ durante un instante, volví a
pensar inconscientemente o algo en mí dio esa explicación…
Pero a continuación oigo un sonido que no era habitual ni
conocido a esa hora de la mañana, un sonido de agua o de aire
saliendo a presión y retumbando,
como la respiración de un gigante que hubiera durmiendo no
muy lejos, a mi derecha… nada alarmante. El ruido se repetía
con regularidad y yo estuve atenta a él una o dos veces sin dejar
lo que hacía hasta que me dije… “¡claro!, ya está, es el
agua del riego que cae sobre una tapa de plástico y se oye como
si lloviera sobre ella, resonando… y
como el aspersor gira con regularidad, por eso se oye cada
cierto tiempo”. Y acabé de hacer el ejercicio contenta conmigo
misma por estar atenta al trabajo y a la vez -pensaba yo- abierta
a percibir todo mi alrededor…
Al
acabar dí unos pasos hacia la derecha y… allí estaba, arriba,
muy lento se desplazaba haciendo sonar a intervalos el
mecanismo de gas que lo impulsa y lo alienta, de color rojo
y amarillo: alguien se paseaba por el cielo, a pocos metros de mi
casa, seguramente viéndome practicar, desde un
globo…
Yo,
que creía tener una visión “global” de las cosas, me quedé
muda y quieta mirándolo y mirando tambien los mecanismos que mi
mente había
improvisado, con la rapidez del relámpago, para explicar algo que
quedaba fuera de “lo habitual”, para volver a “tener
control” de la situación y dar una respuesta
“clasificatoria” a esos detalles sin mucha importancia pero
que alteraban la percepción “normal” de una mañana
cualquiera…
En
la práctica del T’ai Ch’i, que es la práctica de la vida,
decimos que hay varias facetas, o aspectos
activos del trabajo: la forma, el Ch’iKung,
los ejercicios y el entrenamiento marcial, pero también se
dice (1) que la meditación es el aspecto que los ENGLOBA a todos
y que les da sentido.
Sí,
como una contradicción, porque en la meditación no hay que hacer
nada, no hay nada que hacer…y Tew Bunnag
lo expresa con la sencillez de las cosas simples, con la
claridad de un círculo, como el globo: la meditación ocupa el
centro, el espacio vacío, y abarca -impregnándolos-
sus extremos.
También
el globo es un vacío al que alimenta y mueve algo invisible, como
la respiración, lentamente, rítmicamente… nada más.
Pero nosotros a veces somos -en otro sentido-
un globo con una enorme cabeza
llena de cosas y un cuerpo pequeño, el cestillo que cuelga
de la esfera como un apéndice de la enorme
“controladora aérea”.
Si pudiéramos vaciarla de los pensamientos que nos
estorban, nos confunden, que nos hacen creer que sabemos algo de
algo…
¿Por
qué no percibí las sensaciones de “globo” y nada más?
Saltó mi mente con sus razones, no mi pie, no mi codo, no mi
corazón…sino la razón, con su misión de adelantarse a los
acontecimientos, analizar, discutir, vocear…
Mi
cuerpo seguia haciendo el ejercicio, pero mi mente saltó
literalmente afuera sin que “yo” se lo dijera, fue a
investigar y a solucionar qué era esa sensación extraña en la
mañana. Si le hubiera hecho más caso a mi pie, tendría
la sensación de solidez, si le hubiera prestado más
atención a mi codo, la expresión de mi cuerpo sería quizás más
armónica, si hubiera escuchado más a mi corazón…habría
sentido a la naturaleza, un enorme gigante a mi lado, respirando
conmigo… pero me
llevó mi mente afuera, y perdí mi solidez, mi armonía y mi
conexión por unos instantes. Luego me dí cuenta y ahora lo estoy
escribiendo.
Ahora. Es el momento presente en donde estamos siempre. Cuando
lo perdemos, todo lo que va con nosotros ahora se esfuma; si
estamos en la práctica marcial, nos derribarán; en la forma nos
desconectamos; con cada salto hacia delante o hacia atrás de
nuestra mente nos perdemos el ahora, a nosotros mismos… hasta
ahora tenemos más oportunidades de darnos cuenta, y ésta es
–para mí- la dificultad suprema en la práctica. Con la
meditación, el ejercicio del simplemente estar, podemos dejarnos
llevar por la respiración, que mueve y alienta
un enorme globo rojo y amarillo, ahora vacío, del que
pende armónicamente quieto, presente y conectado, ese nuestro
cuerpo.
(1)
“El arte del T’ai Chi C’huan. Meditación en
movimiento” Tew Bunnag
La Liebre de Marzo. 2000
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