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NUESTRAS ENTREVISTAS Y ARTÍCULOS 
 

por Teresa Beltran

GLOBO

 

            Una mañana haciendo Ch’iKung en el jardín de casa, poco después del amanecer miraba hacia el este; entre los árboles el sol estaba  aún bajo, la mejor hora para regar el jardín, -pensaba yo como otras veces- y abrí los aspersores de riego, que van girando lentamente.

            Al poco de estar trabajando me pareció entrever, vislumbrar algo a mi derecha, arriba en el cielo, algo como un globo, pero era demasiado temprano y pensé que sería el reflejo del sol que se me había quedado en la retina por tenerlo delante, grande, dorado y bajo. Fue un pensamiento fugaz y casi sin llegar a  pensamiento, puesta mi atención en la respiración.

 Poco después volvió a aparecer la sensación por el rabillo del ojo derecho, en dirección sur, y creí ver algo redondo en el cielo, como una sombra. La sombra del sol que se me queda en los ojos y que se desplaza _en negativo_ durante un instante, volví a pensar inconscientemente o algo en mí dio esa explicación…

 Pero a continuación oigo un sonido que no era habitual ni conocido a esa hora de la mañana, un sonido de agua o de aire saliendo a presión y retumbando, como la respiración de un gigante que hubiera durmiendo no muy lejos, a mi derecha… nada alarmante. El ruido se repetía con regularidad y yo estuve atenta a él una o dos veces sin dejar lo que hacía hasta que me dije… “¡claro!, ya está, es el agua del riego que cae sobre una tapa de plástico y se oye como si lloviera sobre ella, resonando… y  como el aspersor gira con regularidad, por eso se oye cada cierto tiempo”. Y acabé de hacer el ejercicio contenta conmigo misma por estar atenta al trabajo y a la vez -pensaba yo- abierta a percibir todo mi alrededor…

Al acabar dí unos pasos hacia la derecha y… allí estaba, arriba, muy lento se desplazaba haciendo sonar a intervalos el  mecanismo de gas que lo impulsa y lo alienta, de color rojo y amarillo: alguien se paseaba por el cielo, a pocos metros de mi casa, seguramente viéndome practicar, desde un  globo…

 Yo, que creía tener una visión “global” de las cosas, me quedé muda y quieta mirándolo y mirando tambien los mecanismos que mi mente  había improvisado, con la rapidez del relámpago, para explicar algo que quedaba fuera de “lo habitual”, para volver a “tener control” de la situación y dar una respuesta “clasificatoria” a esos detalles sin mucha importancia pero que alteraban la percepción “normal” de una mañana cualquiera…

En la práctica del T’ai Ch’i, que es la práctica de la vida, decimos que hay varias facetas, o aspectos  activos del trabajo: la forma, el Ch’iKung,  los ejercicios y el entrenamiento marcial, pero también se dice (1) que la meditación es el aspecto que los ENGLOBA a todos y que les da sentido.

Sí, como una contradicción, porque en la meditación no hay que hacer nada, no hay nada que hacer…y Tew Bunnag  lo expresa con la sencillez de las cosas simples, con la claridad de un círculo, como el globo: la meditación ocupa el centro, el espacio vacío, y abarca -impregnándolos-  sus extremos.

También el globo es un vacío al que alimenta y mueve algo invisible, como la respiración, lentamente, rítmicamente… nada más.

 Pero nosotros a veces somos -en otro sentido-  un globo con una enorme cabeza  llena de cosas y un cuerpo pequeño, el cestillo que cuelga de la esfera como un apéndice de la enorme  “controladora aérea”.  Si pudiéramos vaciarla de los pensamientos que nos estorban, nos confunden, que nos hacen creer que sabemos algo de algo…

¿Por qué no percibí las sensaciones de “globo” y nada más?

 Saltó mi mente con sus razones, no mi pie, no mi codo, no mi corazón…sino la razón, con su misión de adelantarse a los acontecimientos, analizar, discutir, vocear…

Mi cuerpo seguia haciendo el ejercicio, pero mi mente saltó literalmente afuera sin que “yo” se lo dijera, fue a investigar y a solucionar qué era esa sensación extraña en la mañana. Si le hubiera hecho más caso a mi pie, tendría  la sensación de solidez, si le hubiera prestado más atención a mi codo, la expresión de mi cuerpo sería quizás más armónica, si hubiera escuchado más a mi corazón…habría sentido a la naturaleza, un enorme gigante a mi lado, respirando conmigo…  pero me llevó mi mente afuera, y perdí mi solidez, mi armonía y mi conexión por unos instantes. Luego me dí cuenta y ahora lo estoy escribiendo.

 Ahora. Es el momento presente en donde estamos siempre. Cuando lo perdemos, todo lo que va con nosotros ahora se esfuma; si estamos en la práctica marcial, nos derribarán; en la forma nos desconectamos; con cada salto hacia delante o hacia atrás de nuestra mente nos perdemos el ahora, a nosotros mismos… hasta ahora tenemos más oportunidades de darnos cuenta, y ésta es –para mí- la dificultad suprema en la práctica. Con la meditación, el ejercicio del simplemente estar, podemos dejarnos llevar por la respiración, que mueve y alienta  un enorme globo rojo y amarillo, ahora vacío, del que pende armónicamente quieto, presente y conectado, ese nuestro cuerpo.

(1)   “El arte del T’ai Chi C’huan. Meditación en movimiento”  Tew Bunnag
La Liebre de Marzo. 2000     

Teresa Beltran