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NUESTRAS ENTREVISTAS Y ARTÍCULOS 
 

por Teresa Beltran

EL ARTE EN LA WEB

 

             

“Quietud en movimiento, movimiento en la quietud, separados y sin embargo conectados, hundiéndose a la vez que expandiéndose, retrocediendo mientras se proyecta hacia delante, con los brazos en disposición circular, prontos a recibir. El practicante de Tai Chi cultiva en solitario el jing y el chi: con cuánta suavidad cambia, baja, gira… sin prisa, nunca de manera forzada, ensartando las posturas de la forma en un movimiento ondulante.” S. Martin

            Con frecuencia  nos referimos al Tai Chi  como un arte.

Arte, habilidad, técnica, método, práctica, artesanía, artilugio, artimaña…

         Cuando he querido explicar a las personas que me rodean   que practicaba Tai Chi y se me han quedado mirando con cara interrogante, me he encontrado con una de las mayores dificultades  que tiene, en mi opinión, este arte marcial interno: decir qué es, definirlo con palabras; aún contando con la buena disposición de la persona que escucha,  una se queda con la sensación de que no ha sabido transmitir ni siquiera un ápice de su experiencia personal, y mucho menos de los intentos de definición que ha leído en los libros,  de manera que  la solución ha sido contestar: “está bien, vale la pena probar…” y confiar en la receptividad, en la intuición, de la otra persona, o, en el otro extremo, decir: “es una manera de vivir, de estar en el mundo…” y arriesgarse  a que esa rotundidad tan vaga se pierda en el aire que se lleva tantas y tantas palabras… porque de palabras se trata: cuando decimos “marcial”, todo el mundo entiende  más o menos “puñetazos”, lo de “interno” es fácil, es “de dentro”, y no nos paramos a pensar más, pero eso de  “arte” ¿qué significa?

         Porque lo que se entiende por Arte nos indica ya algo no físico, algo superior, una cualidad  inmaterial, una sensibilidad para expresar la belleza, una habilidad para crear , para diseñar, para evocar, para producir belleza… y ¿cómo es que algo tan bruto como un puñetazo puede darse  bellamente?

          En la mitología clásica _cada uno comparte lo que tiene_ Afrodita, la diosa de la belleza, se une en matrimonio a Hefesto, el dios feo que con habilidad  trabaja los metales en el interior de la tierra y  fabrica las armas para los dioses. La técnica  unida a la belleza  es la que produce el arte, nos está diciendo la fábula, y nosotros lo expresamos con un gesto de las manos cuando acabamos la Forma: un puño cerrado, fuerte, envuelto por la otra mano,  arropándolo suavemente, casi acariciándolo: lo duro, lo fuerte, envuelto en la suavidad, contenido por la ligereza.  Una aguja  en un  copo de algodón, quietud en el movimiento, movimiento en la quietud…

         Siguiendo con los clásicos de Occidente, Atenea es la diosa que enseñó a los hombres el cultivo de las artes, de las artes aplicadas, porque ella, como divinidad femenina, representa la inteligencia práctica y los artesanos, sin llegar a ser artistas, son los que hacen con sus manos  objetos útiles y a la vez bellos.

 Atenea  tuvo un pleito con una joven llamada Aracné, una bellísima y habilidosa  tejedora que, quizás porque  venciera en la disputa, quizás porque era más bella que la propia diosa,  fue condenada a tejer eternamente.

 Las fábulas nos enseñan de una manera muy simple, como la propia naturaleza: están  delante hasta que nos paremos a verlas.


En la revista TAI CHI & Alternetive Health leí este artículo de Steve Martin. Me pareció interesante ponerlo aquí.  Es un artículo que  yo he interpretado así: 

“Decidí  probar métodos para desarrollar y mejorar  la coordinación de mis brazos, piernas, cadera y columna en la práctica del empuje de manos. 

Cuando había empezado la segunda secuencia y me movía en diagonal, mi mirada se posó sobre una tela de araña que se extendía entre dos plantas.  La humedad dejada por el rocío de la mañana la hacía brillar y así  pude percibir ligeramente la forma de la tela y su construcción en espiral. Observándola atentamente ví en el centro de la tela a la araña, quieta, sin otro movimiento que el ligero temblor que la brisa provocaba en la tela, agitándola aquí y allá.

 

Al acercarme ví cómo la araña empezaba a moverse  hacia una zona de la tela donde empezó a reparala o a construir una sección nueva.  La observé tejiendo su red y  un rato después me dí cuenta de que el Tai Chi teje  también una red;   esto me llevó rápidamente  a ver las semejanzas entre la araña y el Tai Chi con la intención de captar una perspectiva diferente de la Forma: relacionarla con  nuestro entorno natural nos proporciona una comprensión más profunda y rica, y  podemos llegar a apreciar que el Tai Chi es, en realidad, un aspecto de la naturaleza.

La araña hila hábilmente su tela con filamentos de seda. Primero crea una estructura sobre la que hace girar la espiral de hilos de su red. La tela se construye como  sobre la sólida base de  un tambor alrededor de su perímetro, con el centro como lugar de máxima vibración.

    La araña usa dos clases de hilos: uno pegajoso que sirve para atrapar la presa, y otro no adherente, sutil, que envía vibraciones a  través de la tela;  la fuerza de ésta  reside no tanto en la calidad de la seda como en el firme basamento de su estructura.

Las posturas de la Forma en Tai Chi deben ser estables, cultivando el filamento de seda hacia adentro y hacia fuera  antes de introducir la práctica del movimiento en espiral. El practicante construye a su alrededor un perímetro defensivo que abarca por completo todo el espacio del combate atrayéndolo hacia sí. Cualquier  fuerza que intente penetrar ese espacio envía vibraciones que se sienten desde el centro.

 La fuerza del Tai Chi proviene de años de práctica de Chi Kung, la habilidad para adherirse, de la práctica constante y atenta del empuje de manos. Ambas se reúnen mediante el sedoso  movimiento en espiral  _por dentro y por fuera_, en una ininterrumpida conexión a través de las articulaciones del cuerpo, entrenadas en la Forma del Tai Chi.

La tela de  la araña es casi invisible y este espejismo es lo que la convierte en una trampa mortífera. La seda usada por la araña es tan fina que resulta difícil de ver; su presa no percibe el peligro que tiene delante y no adopta por tanto ninguna acción evasiva. . Cuando una mosca  volando choca con una tela de araña se encuentra de pronto paralizada en pleno vuelo. En medio de su confusión cae entre los pegajosos hilos dispuestos en circunferencia que le impiden cualquier posibilidad de escapar. A la vez, las vibraciones  del choque con la tela  son enviadas  hacia el centro a través de los hilos radiales que, como  cables telegráficos, alertan  a  la araña de que hay una presa. Si la mosca se resiste luchando corre el riesgo de enredarse aún más  en la tela, cosa que paradójicamente es su única posibilidad de supervivencia.

De la misma manera, no hay que ver el Tai Chi  como una serie de movimientos ligeros y fluidos.

Sólo después de  haber entrado en contacto con él  se manifiesta  como un arte marcial realmente efectivo. Como la araña, el practicante de Tai Chi usa  la adherencia  para conectar con el oponente. También debe ser capaz de seguirlo y cambiar sin empeñarse en responder a los intentos de  ataque que experimenta en su adversario. Por lo tanto los  movimientos  de sus “hilos de seda”,  hacia adentro y hacia fuera, deben contener la capacidad de sujetar, pegarse y neutralizar inmediatamente al contrario sin perder en absoluto  la libertad para cambiar en un instante. Adherirse demasiado es desperdiciar el método del Tai Chi para adaptarse, ya que un contacto excesivo  en la pierna o brazo que recibe impedirá este proceso y ahogará la habilidad de leer y controlar con la escucha cualquier cambio en la fuerza que se dirige hacia nosotros.

 La cualidad de seda del Tai Chi es la verdadera naturaleza de su red y actúa para atrapar a todo lo que revolotee demasiado cerca.

        La araña ataca a su presa para asegurarse el alimento. Una vez que la tela ha hecho su papel y ha atrapado la presa para su dueña, la araña se dirige allí y usa sus colmillos para envenenar a su víctima antes de envolverla en un capullo de seda para comérsela después. La araña no va buscando a su presa, simplemente la invita a comer a su mesa.

         El practicante de Tai Chi no va tras sus posibles oponentes sino  que usa sus habilidades  conscientemente  si la situación lo requiere. Cuando siente un espacio vacío  en el ataque del contrario, la cualidad de la seda  lo hará percibir cuál es la fuerza, la dirección, la intención del ataque y podrá responder a gran velocidad.  Los movimientos de la Forma lo proveen  de los recursos en movimientos   defensivos.

Adherirse, conectar y seguir son las destrezas del Tai Chi.

 La adherencia es la red, la conexión son las vibraciones por los hilos cuando se atrapa una presa, y seguir al contrario es la araña buscando su presa para  dominarla.  Si pensamos en esta analogía en nuestro entrenamiento, entonces tejeremos nuestra propia red para abarcar el espacio  de combate  que nos rodea; la cualidad interna y externa de la seda es la verdadera base de la que parten todas las técnicas de combate.

Sentir es conocer, conocer es dominar, dominar es ganar, ganar es sobrevivir. La naturaleza trata de la supervivencia. Considerar el Tai Chi desde diferentes perspectivas añadirá  una comprensión del arte más profunda, pues el arte interno del Tai Chi forma parte del Ultimo Supremo y el  Ultimo Supremo es la naturaleza propiamente dicha.

Intentemos mirar cómo la naturaleza ha producido  tal variedad de caminos para enfrentarse al ataque  y a la defensa a través de diversas estructuras llamadas  Formas de vida.  ¡Puede ser interesante!”

Teresa Beltran